AL VIEJO PODER SE LO DESTRUYE CON LUCHA, NO CON REVOCATORIAS Y DEMÁS ILUSIONES BUROCRÁTICAS

Ávidos de cuotas de poder y de control burocrático sobre las organizaciones indígenas y campesinas, Leónidas Iza y sus colaboradores vuelven a colocarse al frente de una porción de ese movimiento. Y decimos porción porque el movimiento indígena no es un bloque homogéneo ni  patrimonio personal de ninguna dirigencia: es diverso, contradictorio, plural ideológicamente; por lo tanto, los caudillos abundan dependiendo de la organización, la región y la inclinación política de sus dirigentes.

Después de la traición de Vargas, entonces presidente de la CONAIE, al levantamiento indígena y popular cuyo epicentro fue la provincia de Imbabura, varios dirigentes indígenas y campesinos que se sintieron “relegados” por la conducción del movimiento, aunque no por su deriva burocrática, buscaron reacomodarse en otras estructuras, también parte de la CONAIE, para convertirlas en plataforma de proyección política.

El 31 de enero de 2026, Iza fue electo presidente de la Ecuarunari, para el período 2026–2029, y lo presentó como un “relanzamiento” tras su bancarrota y desgaste en el circo electoral.

Lo grave no es el hecho de que haya llegado a la presidencia de la Ecuarunari; sino la línea política que se recicla. Hasta ahora no se ve un giro real respecto del oportunismo que ya mostró sus límites. No es que Iza no saca lección de su absurda y traidora aventura electoral; es que no quiere, porque la administración del aparato y el cálculo electoral resultan más rentables que la organización y dirección del movimiento campesino sobre las tareas fundamentales en torno a la lucha por la tierra, eliminación de la semifeudalidad y otras tareas difícilmente endosables cuya resolución no pasa por el camino burocrático; es decir, bajo el paraguas de la legalidad burgués-terrateniente.

Cuando la lucha exige claridad, coherencia ideológica y combatividad,  empujan a las bases a una rueda sin salida que convierte la indignación en reuniones bizantinas y eufemismos reformistas: hoy movilización, mañana urnas; después firmas; luego “unidad” con cualquiera; y al final, negociación.

En medio del colapso del capitalismo burocrático; la crítica situación en la que viven las masas en medio del terror, la sangre, desempleo y negación de sus derechos fundamentales; cuando la arremetida del gobierno precariza el trabajo, el sistema de salud pública, IESS, etc., Pacha Terán, dirigente del pútrido hoxismo de Unidad Popular, otra expresión de estirpe burocrática, oportunista y electorera, Marcelo Ushiña de la FENOC, Guido Perugachi de la FENOCIN, Luis Cimarrón de la CONAICE, Guillermo Churuchumbi de Pachakutik, Hugo Bedoya del FUT y Víctor Hugo Erazo de la ANRE, entre otros del mismo molde; ante el fracaso de la dirección del movimiento indígena, sindical y popular, han apostado por arrastrar a las masas hacia otro experimento constitucional, bajo la haraposa bandera de la revocatoria del mandato.

Como no podía ser de otra manera, el 9 de febrero de 2026, desde Ecuarunari se anunció la intención de impulsar una revocatoria contra Daniel Noboa, incluso abriendo la puerta a sumar fuerzas con otros sectores. Como si la solución a los problemas del pueblo pase por tener en la presidencia a alguien que haga resonancia a las diatribas nacionalistas pequeño burguesas; sin entender que, el poder, no lo tienen los payasos en la presidencia, sino quienes detentan el poder económico.

Ese legalismo de ocasión no es táctico, ni estrategia; es la expresión política alimentada por una ideología reformista con serios rasgos trotskistas que apuntan a un solo objetivo, burocratizar la organización y luchas del pueblo.

 Los dirigentes del movimiento indígena; revisionistas del movimiento sindical y oportunistas del movimiento popular, son expertos en eso; en la administración del descontento. Trasladan la energía del campo, carreteros, plazas y  calles al laberinto del viejo Estado, a sus plazos, sus candados y su maquinaria de desgaste. Y mientras tanto, el régimen y, sobre todo, el viejo Estado burocrático-terrateniente se mantiene intacto. La experiencia reciente lo confirma: en la consulta popular y referendo del 21 de abril de 2024, pese a que el Sí se impuso en nueve de once preguntas, la dirigencia buscó instalar el relato de “derrota” del gobierno para salvar la narrativa y capitalizar políticamente un resultado adverso. En 2025, con la consulta del 16 de noviembre, cuando el No se impuso en las cuatro preguntas planteadas por Noboa y el CNE proclamó resultados definitivos a inicios de diciembre, la misma lógica volvió a aparecer: la lucha se traduce en campaña, la campaña en cálculo, y el cálculo en reposicionamiento de cúpulas, de caciques con espíritu de Ullco Colla  o de Malinche.

Hoy, meses después de que el NO ganó en la consulta popular, Noboa sigue haciendo lo que le da la gana. Le importa un carajo la Constitución y aplica leyes que van en su contra, que la transgreden. En consecuencia, ese tipo de lucha es tan estéril como creer que el Poder se lo conquista en las urnas.

Aquí no se cuestiona la identidad indígena ni la legitimidad histórica de las comunidades. Se denuncia el oportunismo de una capa dirigencial que parasita del prestigio, lucha y sacrificio colectivo y usa la organización como escalera: hoy “resistencia”, mañana plataforma; hoy “levantamiento”, mañana pacto; hoy “mandato popular”, mañana reparto interno. Y cada vez que esa capa se impone, debilita la capacidad real de las masas para golpear donde duele: en la estructura económica y política del poder, a la semifeudalidad, la semicoloniedad, al capitalismo burocrático;  no en su superficie electoral y procedimental.

La conclusión es dura y simple. No habrá transformación desde los dispositivos del viejo Estado cuando todo está diseñado para desactivar la lucha y reciclar dirigentes. Si la ruta es siempre la misma, el resultado también: desgaste, desmoralización y una nueva camada de administradores del conflicto. Las bases del movimiento campesino deben abrir los ojos: la dignidad no se terceriza en dirigentes profesionales. Se organiza y se defiende con organización, combatividad y resistencia;  con correcta dirección de clase que logre agrupar a quienes deben agruparse; sin arrodillarse ante los mecanismos de cooptación del régimen.

Iza no pudo ser presidente, no tuvo los arrestos económicos de Noboa. Si se va o no Noboa, poco, muy poco cambiará el escenario económico, político y social para las grandes mayorías. No podemos seguir dando saltos de rana de reforma en reforma; la revolución campesina y en ella, de Nueva Democracia, es una necesidad que se debe preparar, organizar, y no desde los espacios de movilidad política que nos entrega el viejo estado: elecciones, consultas, revocatorias y todo se tipo de babosadas burocráticas; sino de todas aquellas tareas que promueven revolución violenta, revolución en toda su expresión: ¡revolución!

¡NO AL CAMINO BUROCRÁTICO, EL DEL CONSTITUCIONALISMO Y LEGALIDAD BURGUÉS-TERRATENIENTE!

¡SI AL CAMINO DEMOCRÁTICO, QUE ES EL CAMINO DEL PUEBLO CON GUERRA POPULAR!

¡NO A LAS PATRAÑAS DE ‘COMBINACIÓN’ DE FORMAS DE LUCHA!

¡NO AL OPORTUNISMO NI AL REVISIONISMO!

¡VIVA LA LUCHA ANTIIMPERIALISTA!


 

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