Denunciamos y condenamos con
profundo fervor internacionalista y odio de clase la cobarde, artera y criminal
agresión de Estados Unidos e Israel contra el pueblo iraní. No estamos ante una
acción “preventiva”, como mienten con cinismo los voceros del imperialismo y
del sionismo. Estamos ante un acto de guerra infame contra un pueblo soberano,
ante una masacre deliberada descargada sobre ciudades, barrios, escuelas,
viviendas y seres humanos que se merecen vivir bajo sus designios y no aquellos
que pretenden ser impuestos desde Washington.
En las últimas horas, la ofensiva
militar conjunta contra Irán ha dejado destrucción material, dolor colectivo y
un rastro de muerte cuya única justificación descansa en la política
expansionista del imperialismo y su perra faldera: Israel.
Pero hay varios hechos que concentran
de manera insoportable toda la brutalidad de esta barbarie: el bombardeo contra
una escuela, donde se da cuenta de la muerte de decenas de menores, entre ellas
alrededor de 60 niñas y niños. No es una cifra fría. No es una estadística para
el recuento de agencias. Son 60 vidas arrancadas miserablemente.
De igual forma, se ha confirmado
el asesinato del ayatolá Alí Jameneí y su familia; como si su asesinato pudiera
debilitar la resistencia del pueblo iraní, la misma que no descansa en un
individuo, sino en la firme voluntad de un pueblo que se niega a hincar
rodillas ante los verdugos de los pueblos del mundo: EEUU e Israel.
Estados Unidos e Israel cargan
con toda la responsabilidad política, militar y moral de esta barbarie. Son
responsables quienes planifican los ataques, quienes los financian, quienes aprietan
el gatillo, quienes los defienden en los medios y quienes los cubren con
discursos diplomáticos. No hay argumento geopolítico, no hay relato
estratégico, no hay propaganda que lave la sangre de un pueblo que viene siendo
agredido desde 1979; fecha en la que se atrevió a deslindar campos con el
imperialismo yanqui. No hay excusa para el terror imperialista ni para el
sionismo criminal cuando descargan su poder de muerte sobre población civil e
intervienen, de manera descarada, en un país que se esfuerza, a costa de mucho
sacrificio por ser, existir, independiente y soberano.
Pero también debe desenmascararse
la vergonzosa postura de otras potencias imperialistas que se manifestaban como
“amigas” del pueblo iraní; que hablan mucho y hacen poco o nada. Rusia y China
vuelven a demostrar que su supuesta solidaridad con los pueblos agredidos tiene
límites estrechos, calculados, miserables. Mucho comunicado, mucho llamado
abstracto a la “moderación”, mucho gesto diplomático, mucha frase altisonante
sobre la soberanía y el derecho internacional. Pero cuando un pueblo es
bombardeado, cuando una escuela queda hecha ruinas y la infancia aparece
mutilada entre el polvo, cuando sus supuestos ‘aliados’ son asesinados
cobardemente, esa solidaridad de palabras se revela por lo que es: una pose fría,
calculada, interesada, una solidaridad sin riesgo, sin coraje, sin compromiso
real con los oprimidos. Su lenguaje prudente y medido expresa cómo es el
imperialismo. Y eso hay que entender, no hay imperialismos ‘buenos’; todos, sin
importar el color de su bandera, son nocivos, colonialistas, depredadores, y no
ven más allá de su lógica geopolítica y de sus intereses económicos.
Y qué decir de la ONU, esa
estructura gastada, hipócrita e inútil; siempre cómplice del imperialismo
yanqui y con el sionismo criminal. La ONU llama a la paz mientras los imperios
incendian países. Expresa “preocupación” mientras los cuerpos infantiles son
extraídos de entre los escombros. Pide “contención” a víctimas y verdugos como
si existiera equivalencia entre el agresor armado hasta los dientes y el pueblo
que pone los muertos. Su neutralidad burocrática no es humanidad: es
complicidad. Su lenguaje frío no honra a los caídos, los administra. Su
diplomacia no protege a los pueblos, protege el orden podrido que permite a los
poderosos matar con impunidad.
Protestamos contra esta nueva
masacre. Protestamos contra la obscena hipocresía de quienes invocan derechos
humanos solo cuando sirven a sus intereses. Protestamos contra la
deshumanización criminal que convierte escuelas en blancos, barrios en
objetivos y pueblos enteros en materia sacrificable. Protestamos porque detrás
de cada ataque están los mismos poderes que hablan de paz mientras organizan la
guerra, que hablan de civilización mientras siembran barbarie, que hablan de
democracia mientras aplastan pueblos.
Afirmamos con claridad que los
pueblos oprimidos del mundo no pueden responder a esta barbarie con lamentos
vacíos ni con solidaridad de papel. La falsa solidaridad de palabras no basta.
No basta el comunicado correcto. No basta la condena tibia. No basta la frase
diplomática redactada para no incomodar a nadie. La solidaridad verdadera con
Irán y con todos los pueblos agredidos exige posición firme, denuncia frontal,
movilización militante, internacionalismo activo y decisión de combatir al
imperialismo y al sionismo criminal en todos los terrenos de la lucha política
y popular.
Porque lo que hoy cae sobre Irán
no es un rayo aislado. Es parte de la misma maquinaria de dominación que
masacra a Palestina; que atacó a Venezuela, que amenaza a Cuba y a todos
quienes no están alineados con su política; saquea pueblos, impone bloqueos,
organiza golpes, financia guerras y convierte regiones enteras en campos de
exterminio lento o acelerado. El enemigo de los pueblos tiene nombres
concretos, banderas concretas, ejércitos concretos, bancos concretos y voceros
concretos. Y frente a él no caben las ilusiones ni la cobardía.
Irán no está solo. Está
acompañado por la memoria y la dignidad de los pueblos humillados, saqueados y
bombardeados del mundo. Está acompañado por quienes comprenden que el
imperialismo no se aplaca con ruegos ni se detiene con fórmulas diplomáticas,
sino con resistencia, organización y combate político consecuente.
Exigimos el cese inmediato de los
bombardeos, el fin de la agresión imperialista y sionista contra Irán y el
castigo a los responsables de esta carnicería. Pero decimos también que la
justicia para los pueblos no vendrá de las instituciones del mismo orden que
los oprime. Vendrá de la lucha de los pueblos, de su unidad, de su capacidad de
convertir la indignación en fuerza organizada y la solidaridad en acción.
Manifestamos, también, nuestra solidaridad
con los miembros del Centro Cultural Iraní en la ciudad de Quito que fue
violentamente atacado por hordas azuzadas por el sionismo.
Frente a las bombas, nuestra respuesta de combate. Frente a
la impunidad, nuestra denuncia sin concesiones. Frente al horror, nuestra
solidaridad militante con el pueblo iraní. Y frente al imperialismo yanqui y al
sionismo criminal, la decisión inquebrantable de los pueblos oprimidos de no callar,
de no retroceder y de luchar hasta arrancar de raíz y aplastar este sistema de
guerra, saqueo y muerte.
¡VIVA LA LUCHA
ANTIIMPERILISTA!
¡VIVA LA
RESISTENCIA DEL PUEBLO IRANÍ!
INEVITABLEMENTE,
¡IRÁN VENCERÁ!
¡MUERTE AL
IMPERIALISMO! ¡MUERTE AL SIONISMO!
¡LOS MÁRTIRES DE
LA RESISTENCIA VIVEN EN LA ORGANIZACIÓN Y LUCHAS DE LOS PUEBLOS OPRIMIDOS DEL
MUNDO!


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