Las operaciones militares
desplegadas en el territorio nacional en estos últimos días por miembros de la
Policía, las Fuerzas Armadas y militares de EEUU, dan cuenta de una cuestión
clara y decidora: quién manda en el país, define las políticas económicas,
sociales y de “seguridad”, es el imperialismo yanqui.
Nos quieren imponer una idea:
que, frente al terror cotidiano y que ha sido normalizado por el régimen, la
única salida es abrir la puerta a fuerzas militares extranjeras. Y sin rubor alguno,
lo presentan como algo necesario, y hasta “natural” amparado en una narrativa
estúpida que repetitivamente señala que el narcotráfico y el terrorismo, es
internacional; por lo tanto, su combate, debe ser también bajo alianzas
internacionales. Pero es obvio, cuando se habla de operaciones conjuntas y de
despliegue en terreno, cuando se normaliza la acción militar extranjera bajo el
disfraz de apoyo, hay que decirlo sin eufemismos: eso es intervención.
Y la intervención no llega solo
con helicópteros, fuerzas especiales, fusiles y esbirros corriendo detrás de
ellos. No. Llega con una arquitectura de poder. Llega con acuerdos reservados,
con cadenas de mando, con detalles clasificados, con inmunidades, con asesorías
que se vuelven órdenes, con cooperación que termina convertida en tutela. Aterriza
en la práctica, con asesoramiento militar, venta de material bélico y mayor
aherrojamiento del país al imperialismo. Llega con una narrativa diseñada para
quebrar la dignidad nacional y preparar la resignación de un pueblo entero:
“Ecuador no puede solo”.
No les basta con haber metido sus
manos en la economía nacional, con influir en las grandes decisiones del
Estado, con asegurarse recursos, ventajas geopolíticas y subordinación
política. Ahora van por más. Quieren instalar de manera permanente su aparato
policial, militar y de inteligencia en el país. Quieren vigilar, dirigir,
intervenir, operar y condicionar. Quieren convertir al Ecuador en una pieza
útil de su estrategia regional, en una plataforma subordinada a sus intereses y
a sus guerras.
Hoy, en el Ecuador, se bombardean
permanentemente campamentos que supuestamente pertenecen a las disidencias de
las FARC, (una de las muletillas más utilizadas) y también zonas o campamentos
que se supone están vinculadas a la minería ilegal. Además, existe persecución,
vigilancia y acecho contra dirigentes populares, sindicales, indígenas y
campesinos. Nada ni nadie queda por fuera del radar represivo.
Hay amedrentamiento contra
campesinos que resisten a la gran minería y a las transnacionales que destruyen
los páramos y los bosques. La oposición está siendo golpeada; muchos de sus
integrantes, incluso de gobiernos seccionales, han sido asesinados, y esos
crímenes son presentados como “obra” de la delincuencia. Es decir, se trata de
una violencia instrumentalizada y puesta al servicio del imperialismo y de su
principal ganapán: Noboa.
Sabemos bien cuáles son las
limitaciones operativas, políticas y morales de las Fuerzas Armadas y de la
Policía ecuatoriana. Sabemos que no existen para servir al pueblo ni para
defender los intereses de las grandes mayorías, sino para sostener el viejo Estado
burocrático terrateniente y resguardar el dominio de los grandes burgueses y
grandes terratenientes. Pero lo que hoy estamos viendo ya no es solo
incapacidad, corrupción o descomposición. Es algo todavía más grave: una
renuncia humillante a cualquier resto de dignidad nacional. Porque cuando Noboa
crea espacios para bases militares en territorio nacional, abre las puertas al
FBI y entrega espacio directo a una agencia extranjera, lo que está diciendo,
en los hechos, es que ni siquiera confía en las propias estructuras represivas
del Estado ecuatoriano. Les dice ineptos, inservibles, incapaces. Los reemplaza,
los subordina y los pone bajo mando extranjero. Y ellos aceptan esa humillación
sin decoro, sin vergüenza, sin el más mínimo sentido de soberanía; y, como no
pude ser de otra manera, devienen en cómplices del imperialismo, del
sometimiento, de un intervencionismo cada vez más descarado; prueba brutal de
la degradación del régimen y de su servilismo a los yanquis.
Además, resulta insultante que
Estados Unidos pretenda presentarse como salvador. No ha podido contener el
narcotráfico dentro de sus propias fronteras. Sigue siendo el mayor mercado
consumidor de drogas del planeta, un factor central en la reproducción de las
redes criminales internacionales. Tampoco ha resuelto la trata de personas, la
violencia estructural, el tráfico de armas ni la descomposición social que
golpea a su propia sociedad. Ataca a países que se niegan a formar parte de su
órbita estratégica; asesina a niños y niñas, como lo hizo hace pocos días en
Irán al bombardear deliberadamente una escuela. ¿Qué autoridad moral o política
puede invocar para venir a darnos lecciones? ¿Qué puede ofrecer, aparte de
espionaje, persecución, control político y terrorismo selectivo contra quienes
lo rechazamos y lo combatimos, así como contra los opositores al gobierno
comprador de Noboa?
La Constitución ecuatoriana
establece (en el texto) que el país es un territorio de paz y prohíbe
expresamente el establecimiento de bases militares extranjeras o instalaciones
extranjeras con propósitos militares. Pero cuando el gobierno habilita
presencia operativa extranjera, cuando propicia operaciones militares en
nuestro territorio y cuando subordina la política de seguridad a la estrategia
de Washington, choca frontalmente con ese mandato constitucional. Y lo hace con
la vieja trampa del discurso, de la verborrea oficial. No le dicen bases
militares, sino “cooperación”. No dicen intervención, le llaman “apoyo”. Dicen
cualquier cosa, y sus operadores mediáticos lo reproducen, lo ‘venden’ como una
verdad absoluta. Así actúan las clases dominantes y nada de lo que hacen, sería
posible sin haber tenido la complicidad de los oportunistas y revisionistas que
hicieron lo suyo: desmovilizar la organización popular.
La verdad es más brutal. La
Constitución no ha servido para un carajo; y claro, es la carta política de
aquellos que detentan el Poder. Tampoco la última consulta popular. El triunfo
del ‘NO’ Ante la propuesta de Noboa, fue un cañonazo de pólvora mojada. No han
servido para detener la ofensiva reaccionaria, ni la militarización, la entrega
progresiva y acelerada de las migajas que nos queda de soberanía; y tampoco,
detener la precarización del trabajo. Apenas han servido, en muchos casos, para
alimentar el discurso de la izquierda domesticada, electorera, del progresismo
sin nervio en muchos casos entretenidos con el “derecho” de los jóvenes a ser
‘therían’ o quedarse entrampados en una reivindicación ambientalista ‘mariguanada’;
además, de cierta dirigencia indígena y sindical que sigue creyendo que el
poder de las clases dominantes puede ser domesticado con papeletas, consultas y
rituales institucionales. ¡No funcionó! Hay que entenderlo de una vez: Noboa no
solo es presidente. Él, su familia y su poder económico forman parte del bloque
de grandes burgueses y grandes terratenientes que detentan el poder del Estado. Y desde ahí gobiernan y legislan
como quieren, hacen unos de toda la superestructura estatal como los de la
gana; a la final, les pertenece.
La presencia de fuerzas
especiales del imperialismo no elimina las economías criminales. Las
reconfigura, perfecciona como maquinaria de control, lo vuelve más funcional,
más pragmático, más útil a los intereses del imperialismo y de las clases
dominantes. El grado de sometimiento avanza de tal manera que cada vez nos
parecemos más a una colonia administrada desde afuera y custodiada desde
adentro por sirvientes locales.
La reciente reunión de varios
mandatarios latinoamericanos y caribeños convocada por Trump en Florida, el 7
de marzo de 2026, para lanzar la llamada “Escudos de las Américas”, confirma el
plan que el imperialismo viene desplegando en el continente. Allí se resolvió
impulsar una nueva coalición continental bajo mando estadounidense so pretexto
de combatir a los cárteles y la agresiva penetración del imperialismo chino.
Pero lo que se presentó como alianza de seguridad no es otra cosa que una
plataforma de militarización regional, subordinación diplomática y alineamiento
geopolítico. Trump reunió a más de una docena de lameculos, promovió una línea
abiertamente militarista y hasta llegó a plantear el uso de misiles contra “jefes
criminales” si sus socios lo solicitan.
La agresión contra Venezuela, la
presión sobre México, la criminalización de toda forma de disidencia bajo el estigma
de “terrorismo”, la militarización de provincias enteras del Ecuador, la
expansión de operaciones conjuntas en Guayas, Los Ríos, Esmeraldas, Imbabura,
Carchi y la Amazonía, los ‘toques de queda’; así como el uso de campañas de
inteligencia para justificar mayor injerencia extranjera, no son hechos
aislados. Son piezas de una misma ofensiva continental. Lo que está en marcha
es una recomposición del dominio imperialista de su trastienda en América, una
ofensiva de recolonización apoyada por burguesías locales cobardes, lacayas y
absolutamente incapaces de sostener una posición nacional digna.
Y dentro de esa ofensiva hay que
alertar con fuerza sobre Cuba. Trump no solo ha vuelto a poner a la isla en la
mira de sus misiles, sino que previamente habló de una posible “toma amigable”
y que Cuba está “al final de la línea”, insistiendo en que La Habana estaría
buscando negociar con Washington.
Nuevamente esa narrativa o
lenguaje de extorsión, de arrogancia colonial que se siente con derecho a
disponer del destino de los pueblos. Toda maniobra política, económica o
militar contra Cuba debe ser rechazada y combatida con firmeza. Noboa ya “hizo
lo suyo”, mintió sobre el rol de los diplomáticos cubanos en el país y los
expulsó de manera descarada ciñéndose a los mandatos de Trump. A los pueblos
nos corresponde dar el siguiente pasado; a la final, el pueblo cubano Cuba ha
sido una trinchera histórica de resistencia contra el imperialismo yanqui.
Frente a todo esto no basta con
lamentarse ni con indignarse a medias. Hay que denunciar, sí, pero también hay
que combatir políticamente esta nueva fase de ocupación directa. Hay que
rechazar la presencia militar extranjera. Hay que denunciar a los sirvientes
locales del imperialismo. Hay que levantar una posición firme de independencia,
dignidad y resistencia popular. Hay que hacer lo que nos corresponde como clase
y pueblo que aún tiene dignidad.
¡VIVA LA LIGA
ANTIIMPERIALISTA!
¡NO SE PUEDE
LUCHAR CONTRA EL IMPERIALISMO SI NO LUCHAMOS CONTRA DEL OPORTUNISMO!
¡VIVA LA
RESISTENCIA DEL PUEBLO PALESTINO!
¡VIVA LA
RESISTENCIA DEL PUEBLO IRANÍ!
¡A RECUPERAR LA
DIGNIDAD Y LA SOBERANÍA NACIONAL!
¡FUERA DEL PAÍS
YANQUIS Y SIONISTAS CRIMINALES!

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