En la parroquia de El Chical, provincia del Carchi, frontera con Colombia,
se vive una importante jornada de lucha.
Campesinos pobres, mineros artesanales, pequeños productores y comerciantes
se han levantado contra el gobierno y las Fuerzas Armadas, frente a los
permanentes ataques a los comuneros y la destrucción de vastas regiones bajo el
pretexto de combatir la “minería ilegal” y a los grupos delincuenciales.
Los habitantes de El Chical son descendientes de los Pastos. Esta tierra
pertenece a la memoria viva de las comunidades Awá, también conocidas como
“hombres de la montaña”. Desde tiempos remotos, campesinos y pueblos indígenas
de la región han sostenido su vida mediante la agricultura y la minería
artesanal.
Actualmente, en esa zona operan las empresas mineras Carnegie Ridge
Resources S.A., subsidiaria de SolGold, y la Empresa Nacional Minera, ENAMI EP,
junto a Cornerstone Ecuador S.A., a las que se les han adjudicado 76.500
hectáreas de territorio para la explotación de oro y cobre. Parte de esas
concesiones se encuentra dentro de reservas naturales, como el Bosque Protector
Golondrinas, la Reserva de Bosques Drácula y extensos territorios ancestrales
de la población Awá.
Durante los últimos meses, la región ha soportado ataques militares
ejecutados con aeronaves de combate, tanques de guerra, cañones sin retroceso y
lanzaproyectiles múltiples. A esto se suman las incursiones de tropas que, a su
paso, dinamitan bocaminas, destruyen senderos y arrasan áreas que consideran
utilizadas para la explotación minera.
Lo que calla la prensa servil del viejo Estado es que, en esas acciones
militares, varios campesinos han sido asesinados. Sus cuerpos no han podido ser
recuperados porque quedaron atrapados bajo los escombros, en las llamadas “boca
cuevas”. Tampoco que existe un desplazamiento masivo de familias campesinas
obligadas a abandonar sus territorios ante los ataques permanentes del Ejército
ecuatoriano. Y claro, esas tierras luego son aprovechadas mediante la compra,
el despojo o el posicionamiento forzado de actores violentos que han devenido
en nuevos latifundistas; sujetos que propician el desalojo, la producción y la
violencia contra las masas.
Desde hace aproximadamente una semana, comuneros, campesinos y mineros
artesanales resisten en los caminos y en el campo frente a los aparatos
represivos del régimen. Han volcado sus esfuerzos para expresar una decisión
firme: no permitir que esta agresión criminal continúe; no aceptar la
persecución contra campesinos y dirigentes; no ceder ante un viejo Estado que,
al servicio de la voracidad de las grandes empresas mineras transnacionales,
pretende restringir y anular el legítimo derecho de los comuneros a vivir en
sus territorios y a trabajar en ellos.
La lucha de los comuneros de El Chical es la respuesta contundente y digna
de un pueblo que se resiste a ser desalojado y criminalizado.
Está claro: mientras la dirigencia indígena y campesina se “desvive” por
impulsar la revocatoria del fascista mediante una consulta, o hipoteca sus
esfuerzos en la consolidación de posiciones electoreras dentro de la campaña
electoral, el elemento consciente de la clase y del campesinado pobre hace lo
que históricamente está llamado a hacer: ¡rebelarse!
¡VIVA EL LEVANTAMIENTO CAMPESINO DE EL CHICAL!
¡FUERA LAS EMPRESAS MINERAS IMPERIALISTAS!
¡LA MINERÍA ARTESANAL ES UNA PRÁCTICA ANCESTRAL DE
LOS PUEBLOS AWA!
¡NO A LA BRUTAL BOMBARDEO Y REPRESIÓN EN EL
CHICAL!

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