¡MARCHA DEL 1 DE MAYO EXPRESA CONDICIONES PARA PREPARAR LA HUELGA NACIONAL Y EL LEVANTAMIENTO CAMPESINO POPULAR PARA DERROCAR A NOBOA!
La marcha del 1 de Mayo volvió a
demostrar que, pese a la ofensiva reaccionaria desatada por el viejo Estado
burocrático-terrateniente, la clase trabajadora, el campesinado pobre y demás
sectores populares asistieron de manera masiva para manifestar el descontento
popular y un nuevo reactivamiento del sector sindical, con cierta tendencia a
fortalecer la alianza obrero-campesina como soporte estratégico de las masas en
las tareas que, inevitablemente, debe asumir para aplastar los planes del
imperialismo y de la reacción.
La ofensiva reaccionaria se
expresó, sobre todo en la ciudad de Quito, con el desplazamiento de vehículos
blindados portatropas, tanquetas, decenas de camiones llenos de militares,
policías armados, agentes de civil, declaratorias de estado de emergencia y
toques de queda. Todo esto, acompañado del miedo sembrado desde el viejo
Estado, que instrumentaliza la violencia a su favor: masacres en la provincia
del Guayas, cuerpos mutilados, cabezas cercenadas en fundas plásticas, amenazas
de represión y una campaña permanente para intimidar al pueblo mediante el
terror.
Sin embargo, pese a ese
escenario, la clase trabajadora y los sectores populares salieron a las calles
a señalar que no están dispuestos a seguir sometidos al hambre, el desempleo,
la precarización, los despidos, el deterioro de la salud y la pauperización de
la educación pública, la persecución a los luchadores populares y la entrega
del país al imperialismo; expresiones de la crisis que vive el capitalismo
burocrático y que ha sido endosada a las grandes mayorías.
Las marchas, pronunciamientos y
propuestas levantadas por varias organizaciones populares y clasistas enuncian,
además, una orientación política que se articula con el carácter internacional
de la lucha de la clase obrera. En sus consignas y planteamientos se advierte
una correspondencia con la línea de la Liga Antiimperialista, entendida como
una expresión necesaria de la lucha internacional contra el imperialismo,
contra las clases dominantes de cada país y contra las formas de oportunismo
que buscan desviar, neutralizar o domesticar la lucha popular.
La lucha del proletariado del
Ecuador no está delimitada por las fronteras del país; en absoluto. Su lucha es
nacional por la forma concreta que adopta en la particularidad del país, pero
internacional por su contenido histórico, por sus enemigos comunes y por la
ideología que la guía. Precisamente por ello, la ideología del proletariado,
hoy el marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento Gonzalo, constituye una brújula
indispensable: permite distinguir entre la lucha consecuente y la conciliación;
entre la independencia de clase y el seguidismo; entre la confrontación contra
el imperialismo y las clases dominantes, y las falsas salidas institucionales y
burocráticas, que solo sirven para oxigenar al viejo Estado y validar la vieja
democracia de la gran burguesía y de los grandes terratenientes.
En Ibarra, la movilización tuvo
un valor particular. Más allá de que se movilizaron más de 2.000 hombres y
mujeres, hijos del pueblo, evidenció unidad combativa que da cuenta de la
importancia de deslindarse y combatir a las corrientes revisionistas y
oportunistas, puntas de lanza de la burguesía en filas del proletariado y en la
organización campesina-popular, cuya tarea es conjurar la protesta social y
desmontar ideológicamente a la clase. Sindicatos, trabajadores, organizaciones
populares, campesinas y sectores conscientes coincidieron en una plataforma de
lucha que, más allá de sus diferencias, puso en el centro la defensa de los
derechos del pueblo y la necesidad de enfrentar al régimen. Esa unidad, sobre
una orientación clasista, antiimperialista e internacionalista, está destinada
a convertirse en el nuevo frente popular que sabrá combatir al imperialismo
como corresponde y derrocar al régimen títere de Noboa en las calles, con
organización, movilización, lucha y resistencia.
En Quito, como centro político
del país, la jornada también puso en evidencia que la lucha de los trabajadores
no puede quedar atrapada en la comparsa. El 1 de mayo debe romper la lógica del
desfile domesticado, de la consigna vacía, de la marcha que termina sin
continuidad. La capital debe convertirse en escenario de confrontación política
permanente contra las medidas antipopulares, contra la injerencia extranjera,
contra la represión y contra todos los mecanismos de dominación que busca
imponernos un “enano” prepotente, arrogante, corrupto, narco, asesino,
sinvergüenza y lameculos del imperialismo como Noboa.
El balance es claro: hubo
disposición de lucha, denuncia y presencia popular. Pero también hay que
decirlo con firmeza: eso no basta. No alcanza con marchar una vez al año. No
alcanza con levantar consignas si luego no se canaliza esa efervescencia proletaria
en la organización de una nueva huelga y levantamiento popular, considerando
que, para hacerlo, debemos, necesaria e insoslayablemente, combatir a las
direcciones oportunistas que desvían la lucha hacia salidas electorales,
revocatorias inofensivas, mesas de diálogo amañadas o negociaciones
putrefactas.
Que este 1 de mayo nos haya
servido para separar aguas. De un lado están quienes quieren convertir la lucha
popular en una agenda legal, burocrática y electorera. ¡Que estos coman mierda!
Del otro, quienes entendemos que los derechos del pueblo se defienden con
organización, movilización, conciencia de clase y lucha popular; expresiones
organizativas que nos vayan alineando con el camino democrático.
El régimen no entiende, no acepta
y se limpia con los cañonazos de pólvora mojada que emite la dirección de la
CONAIE, ECUARUNARI y otros actores políticos que insisten en domesticar la
lucha de clases. Estos miserables deben abrir bien los ojos y ver cuánto claman
las masas por una correcta dirección que las encamine por la ruta de la
rebelión; deben escuchar bien y entender que el clamor va más allá de la queja
por empleo, salud, educación o por el solo deseo de subsistir en una sociedad
que cada vez nos aprieta, asesina y margina más. Las masas claman rebelión, y
es hacia allá donde debemos caminar junto a ellas.
La lucha contra el imperialismo
exige claridad ideológica. Sin esa claridad, la protesta puede ser absorbida
por el reformismo, el electoralismo o el oportunismo. Con esa claridad, en
cambio, cada reivindicación inmediata puede enlazarse con una perspectiva
superior de transformación revolucionaria. Allí radica la importancia de que
varias expresiones de esta jornada se reconozcan en una orientación
internacionalista y antiimperialista: porque esa guía ayuda a caminar
correctamente, sin caer en atajos falsos ni en trampas institucionales.
La crisis actual no se resolverá
con llamados abstractos a la “unidad nacional”. Esa unidad solo sirve al viejo
Estado y al gobierno. La unidad que necesitamos es en la ideología, en la
capacidad de articular el esfuerzo vital de lucha que proponen los campesinos
pobres, los antimineros contra la minería transnacional, los mineros
artesanales por su derecho a trabajar sin ser bombardeados y asesinados;
comerciantes y pequeños productores; inclusive, una pequeña y mediana burguesía
que está siendo aplastada totalmente por la penetración no solo del
imperialismo yanqui, sino también por la saturación de productos y empresas del
imperialismo chino.
Por eso, el balance del 1 de mayo
debe ser convocante, pero también exigente. La jornada fue importante, sí; pero
debe transformarse en punto de partida para una ofensiva popular más firme, más
decidida y sostenida. Cada consigna levantada en Ibarra, Quito y otras ciudades
del país debe convertirse en tarea concreta que apunte a fortalecer las fuerzas
populares.
La clase trabajadora y el
campesinado pobre no pueden seguir actuando solo a la defensiva. Deben tomar la
iniciativa; pasar a disputar la calle, cercar las ciudades desde el campo con
los levantamientos campesinos, destruir la falsa narrativa del gobierno, y
lanzarse al combate popular.
Este 1 de mayo deja una
conclusión fundamental: el pueblo tiene una fuerza latente que crece, pero esa
fuerza debe organizarse. Tiene rabia, pero esa rabia debe transformarse en
conciencia. Tiene razones para luchar, pero esas razones deben traducirse en
acción sostenida. La historia la hacen los pueblos, hay que entenderlo, no los
caudillos ni los dirigentes. Es la acción creadora de los pueblos que tienen
claro que, sin lucha, sin sacrificio, no hay conquistas, no hay gloria.
El balance es positivo, pero la
tarea es mayor. Hay que convertir la miseria, el hambre y hasta la violencia en
la que han sumido a nuestro pueblo en energía, organización permanente y en
fuerza política capaz de golpear y
mandar a la puta madre que lo parió a Noboa y regresar a las tropas gringas a
sus pocilgas, a sus centros de lujuria, droga y terror en EEUU.
Que el Primero de Mayo no se
agote en la marcha ni en la consigna. Que se prolongue en las calles, en el
campo, en los barrios, en las fábricas, en los hospitales y en cada centro de
trabajo. De lo contrario, no habremos sido consecuentes con el legado histórico
de los Mártires de Chicago, ni con su sacrificio vital por los derechos de la
clase obrera y del pueblo.
¡A ORGANIZAR LA
RABIA Y EL DESCONTENTO POPULAR!
¡A LEVANTAR LA
BANDERA ANTIIMPERIALISTA E INTERNACIONALISTA DE LA CLASE OBRERA!
¡A PREPARAR LA
HUELGA NACIONAL Y EL LEVANTAMIENTO CAMPESINO POPULAR PARA DERROCAR A NOBOA!
¡POR UN MOVIMIENTO
OBRERO, CAMPESINO Y POPULAR CLASISTA, COMBATIVO, ANTIIMPERIALISTA E
INTERNACIONALISTA!
¡ORGANIZAR-COMBATIR-RESISTIR!
¡LA REBELIÓN SE
JUSTIFICA!

































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