El Frente de Defensa de las Luchas del Pueblo del Ecuador expresa su
solidaridad militante con la comunidad de Taruka, cantón Cascales, provincia de
Sucumbíos, brutalmente atacada el 12 de junio de 2026 durante un operativo
militar ejecutado bajo el pretexto de combatir la llamada “minería ilegal”.
Históricamente, las comunidades indígenas, campesinas y comuneras han
complementado sus actividades agrícolas con la minería artesanal. Lo han hecho
durante décadas, básicamente como una estrategia de supervivencia,
completamente ajena a las actividades promovidas por grandes empresas mineras,
redes violentas o por el propio Estado.
Mucho se ha satanizado la minería artesanal e informal. Desde el
oportunismo ecologista, ese que, como diría Chico Mendes, no pasa de ser un
“ecologismo de jardinería”, se ha condenado esta actividad metiendo en el mismo
saco a la empresa minera transnacional, imperialista y depredadora, con aquella
minería de subsistencia que responde a condiciones elementales de vida: falta
de tierra, desplazamientos, ausencia de fuentes laborales, precariedad del
trabajo en el campo, despojo de territorios por parte del Estado y abandono
histórico de las comunidades.
Producto de la brutal arremetida del viejo Estado burocrático-terrateniente
contra el campesinado pobre, miembros de las Fuerzas Armadas, apoyados por
tanquetas y helicópteros artillados, atacaron literalmente a la comunidad de
Taruka, agrediendo indiscriminadamente a sus moradores bajo el pretexto de
combatir la “minería ilegal”.
¿El resultado? Tres comuneros asesinados y varios heridos.
Los miembros de la comunidad describen estos acontecimientos como actos de
guerra. No solo hubo víctimas directas; también se afectó profundamente a toda
la población: niños, niñas, ancianos y familias enteras que, aterrorizadas por
el ataque armado, buscaron refugio internándose en la selva.
Una vez más, rechazamos la actitud y las declaraciones de la CONAIE, cuyos
dirigentes, de manera absurda, tibia y funcional al Estado, en lugar de
condenar esta masacre contra campesinos y mineros artesanales, a quienes ahora
llaman eufemísticamente “ancestrales”, se limitaron a pedir que se “investigue
el operativo”, que se determine si hubo “uso excesivo de la fuerza” y que “no
se criminalice a las comunidades indígenas de la zona”.
Son expresiones apáticas, cobardes y hasta cómplices de dirigentes que se
supone deberían defender los intereses de las comunidades y pueblos indígenas
del país.
Está claro que no se trató de un simple “operativo”. Fue una acción
criminal contra las masas campesinas, con muertos, heridos y desplazados. No se
trató de “uso excesivo de la fuerza”; hubo uso de fuerza letal. Bajo la lógica
de esos oportunistas, ¿debía haber uso de la fuerza, pero no “excesiva”? ¿Debía
haber represión, pero moderada? ¿Debía haber ataque armado, pero con límites en
sus procedimientos?
El Estado, el gobierno y el imperialismo constituyen una tríada de crimen,
despojo, desplazamiento y criminalización. No están dejando margen para la vida
digna de las masas ni espacio para enfrentar sus políticas de terror,
militarización, cárcel y muerte.
Las masas ya no pueden seguir viviendo como hasta ahora; y las clases
dominantes tampoco pueden seguir gobernando como lo han venido haciendo. Por
eso recurren al fascismo abierto, a la persecución, al asesinato, a la
ampliación de su red coercitiva y de castigo, con cárceles y campos de
concentración como la cárcel de El Encuentro.
Las condiciones objetivas para que las masas se rebelen alcanzan un punto
cada vez más agudo. Corresponde fortalecer las condiciones subjetivas para que
la lucha de clases, la lucha antiimperialista, la lucha por la tierra, la
dignidad y la vida tomen el único camino consecuente que tienen por delante: el
camino de la rebelión popular organizada.
No podemos seguir atados a
dirigencias cobardes y oportunistas. No podemos continuar a la cola de los
caciques y gamonales del viejo Estado, que hoy se colocan al frente de las
organizaciones indígenas, campesinas y sindicales del país para contener, desviar
y domesticar la lucha popular.
Debemos impulsar nuevas formas de
organización, capaces de ponerse ideológicamente al frente de las masas y de
encauzar todas las potencialidades organizativas y combativas del pueblo para
confrontar al Estado, al gobierno y al imperialismo. Combate que debe
desarrollarse en todos los planos, si perder la perspectiva de que tendrán
objetividad en la medidas que vayan de la mano en la necesaria e insoslayable
lucha en contra del revisionismo y del oportunismo electorero.
POR LOS COMUNEROS
ASESINADOS EN TARUKA: ¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA!
POR LA
CRIMINALIZACIÓN DE LA POBREZA Y DE LA LUCHA POPULAR: ¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA!
POR LA
PAUPERIZACIÓN DE LAS CONDICIONES DE VIDA DE LOS CAMPESINOS Y DE LAS DEMÁS MASAS
OPRIMIDAS Y EXPLOTADAS DEL PAÍS: ¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA!
ANTE LA CRIMINAL PRESENCIA DEL IMPERIALISMO EN EL PAÍS: ¡LA REBELIÓN SE JUSTIFICA!
¡ORGANIZAR,
COMBATIR Y RESISTIR!

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