domingo, 24 de febrero de 2013

NI VOTAR, NI ANULAR, LO CORRECTO: ¡DESTRUIMOS LOS SÍMBOLOS DE LA DEMOCRACIA BURGUÉS - TERRATENIENTE!



El triunfo electoral de Alianza País era previsible. El imperialismo y la dictadura burgués-terrateniente requieren de este régimen para dar continuidad al proceso de reestructuración del viejo y caduco aparato estatal.


Se terminó la campaña de tráfico con la miseria y necesidades que apremian a nuestro pueblo.  Ni los representantes de una expresión minoritaria de la burguesía compradora (Noboa, Lasso), ni la izquierda revisionista y oportunista (Acosta, MPD, Montecristi Vive, Pachakutik) han podido con la demagogia correìsta y han sucumbido en el discurso mentiroso y oportunista: unos ofreciendo la riqueza, los otros, el revisionismo, hacer la “verdadera revolución” desde las urnas sin considerar la necesidad de que para construir primero hay que destruir.


Por otro lado la campaña de NO VOTAR fue un éxito, más allá de que tuvo que confrontar serios problemas de seguridad en su desarrollo por el despliegue policial diseñado para neutralizarnos, y la necesidad de sobre la marcha apoyar a las masas en sus luchas reivindicativas cuyos métodos nos aproximan más al desarrollo de la Guerra Popular.


La dirección proletaria en este proceso ha sido determinante porque no permitió que se filtren corrientes pequeño burguesas que siempre pretenden distorsionar los objetivos y mecanismos de lucha que tienen las masas organizadas bajo un solo propósito: la revolución de Nueva Democracia.


En este nuevo escenario de lucha generado a partir de la continuación del régimen fascista y corporativista de Correa, debemos propender a consolidar en caliente la unidad obrero-campesina-popular para fortalecer los instrumentos con los que deben contar las masas a fin de poder materializar la revolución de nuevo tipo.


El capitalismo burocrático en su proceso restaurador vive tres etapas, la preparación que se dio con la Constitución de Montecristi, la aplicación y consolidación que se da con este régimen que le hace vivir a las masas la falsa ilusión constitucionalista-revolucionaria y la crisis que inevitablemente se vendrá y que debe ser aprovechada por el proletariado y sus aliados, los campesinos pobres, la pequeña y mediana burguesía para dar inicio a la destrucción objetiva del viejo estado, pues solo sobre sus ruinas podremos levantar lo nuevo: Nuevo Poder, Nueva Democracia, nueva dictadura (obrero-campesina), y un nuevo camino al socialismo.






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