Vivimos tiempos difíciles, quizá
más difíciles que los transitados en los últimos años. El régimen burgués
comprador de Daniel Noboa concentra la ofensiva de las clases dominantes contra
las amplias mayorías y estrecha su enfermiza subordinación al imperialismo
yanqui.
Tres montañas oprimen al pueblo:
imperialismo, capitalismo burocrático y semifeudalidad. Las tres montañas se
sostienen entre sí. Hemos señalado que la semifeudalidad es el eje concéntrico
de esta trilogía de la explotación y opresión, porque articula la dominación
imperialista con las relaciones de explotación internas. En ese sentido, si
bien es cierto que la contradicción principal en nuestro país es
masas-semifeudalidad, esta solo puede ser resuelta a través de la guerra
popular; jamás por la vía parlamentaria o electorera, mediante levantamientos
esporádicos con serias limitaciones políticas o con aquello de la acumulación
de fuerzas en “frío”.
No obstante, esas son tareas de
carácter estratégico que deben adelantar la clase, los campesinos pobres y el
pueblo. Mientras tanto, existen otras tareas que tienen un carácter coyuntural
y que no pueden ser soslayadas, mucho menos cuando la creciente intervención
imperialista en el país exige, además, examinar de manera más profunda cómo se
desarrolla la contradicción nación-imperialismo. Y, cuando nos referimos al
imperialismo, fundamentalmente al yanqui, no hablamos de un enemigo que actúa
únicamente desde fuera de nuestras fronteras: ¡lo tenemos hasta en la sopa!
Está presente mediante acuerdos, concesiones, negocios y operaciones de
cooperación militar, incluso dentro de la institucionalidad represiva del
Estado.
La creciente penetración yanqui,
con el ingreso de sus efectivos armados al país, nos obliga a estudiar si esa
contradicción pasa circunstancialmente a ocupar el lugar principal, aspecto que
requiere un análisis concreto y medidas populares que nos permitan confrontar
la ofensiva de la gran burguesía y del imperialismo como respuesta a la crisis
que viven las amplias masas.
Hay que entenderlo. La ofensiva
del régimen criminal de Noboa no solo responde a sus desafueros, extravíos y
brutalidades propias de un incompetente, vicioso y mitómano individuo que hoy
representa a la gran burguesía; hay que verla dentro de un contexto más amplio,
como son los planes que despliega el imperialismo yanqui en la región.
Una de las particularidades del
gobierno es que está muy próximo al fascismo. A pesar de que no tiene una
característica nacionalista, propia de los fascistas, promueve la destrucción
de la organización sindical, campesina y popular; pretende someter a la
sociedad a un Estado autoritario. Desconoce las conquistas democráticas
refrendadas en la Constitución. Para el régimen todos son “comunistas” o
“terroristas”; elimina las organizaciones opositoras en todos los ámbitos,
principalmente en el electorero, echa mano de la propaganda mentirosa, promueve
el culto a la personalidad del imbécil y hace uso de la violencia en todas sus
manifestaciones. Ningún régimen como este para agredir, violentar y asesinar
como lo ha hecho Noboa.
El alcance de esta campaña
represiva no se agota en la persecución de las organizaciones populares, en el
ensañamiento contra los prisioneros políticos, en el bombardeo a campesinos y
mineros pobres, en las ejecuciones de pescadores artesanales ni en los
allanamientos y campañas de amedrentamiento contra activistas populares; la
disputa entre facciones de la gran burguesía ha llevado al gobierno a emplear estos
métodos contra sus rivales, como ocurre con algunos miembros de la Revolución
Ciudadana.
En este punto es importante que
señalemos nuestra posición sobre el correísmo. Está claro que no se trata de
una organización de izquierda; en absoluto: es una fuerza socialdemócrata
vinculada a la burguesía burocrática. Su enfrentamiento con Noboa no lo coloca
del lado del pueblo y mucho menos del lado de la lucha popular y
antiimperialista. Al fin y al cabo, cuando fue gobierno también sirvió al
imperialismo, sin importar si fue yanqui, chino o ruso. Entregó tierras a las
grandes empresas mineras y trabajó para los importadores y la banca
internacional. Ni se diga cuánto y cómo reprimió a quienes nos opusimos a su
diatriba política, sustentada en frases demagógicas, casi revolucionarias.
Pero, sin ir más allá de eso, hoy
sus dirigentes son blanco del gobierno, que los viene persiguiendo y sometiendo
también a encarcelamientos inhumanos y abyectos. Eso no nos pone del mismo
lado, pero nos coloca frente a un enemigo al que, a estas alturas, no le
importa a quién ni cómo golpear: solo busca allanar su camino para arrastrarnos
a las pezuñas del imperialismo y desarrollar un plan de gobierno que beneficia
directamente a la burguesía compradora.
El encarcelamiento de Aquiles
Álvarez en la cárcel del Encuentro y la detención de Luisa González, contra
quien se dictó prisión preventiva dentro de una investigación por presunto
lavado de activos, son hechos que debemos examinar desde dos aspectos: las
contradicciones interburguesas y cómo el régimen ha devenido en una dictadura,
con un enano engreído, con ínfulas de dictador, que se siente fuerte porque
está cerca del escroto de Trump y de los pliegues rectales de Netanyahu.
Condenar la captura y la prisión
de González no significa que apoyemos la lucha del correísmo, asumamos su
programa político o establezcamos una alianza táctica con él. En absoluto.
Significa que nos oponemos a la nueva doctrina militar y represiva que el
imperialismo está implementando en nuestro país de la mano de su títere Noboa,
y que combatimos la política carcelaria y asesina del régimen.
Los métodos que el gobierno
emplea contra sus rivales ayudan a medir hasta dónde está dispuesto a llegar
para conservar y desarrollar su proyecto económico y político. Si recurre a la
persecución y la cárcel contra otras facciones burguesas, como la burocrática,
expresada en el correísmo, está por demás señalar cuánta insania, violencia y
crueldad ha venido desplegando contra nuestro pueblo y hasta dónde carajos está
dispuesto a ir para neutralizar a quienes combatimos al régimen y bregamos por
ir más lejos todavía: resolver la cuestión fundamental: el Poder.
Que ciertos colectivos todavía no
hayan sido golpeados no justifica que miremos a otro lado e ignoremos los
alcances represivos del gobierno de Noboa. A estas alturas, nadie que se oponga
al régimen está a salvo de la persecución y la cárcel.
Por estas razones, el Frente de Defensa
de las Luchas del Pueblo del Ecuador, rechaza la persecución política, el
encarcelamiento arbitrario y el asesinato de cualquier opositor al régimen de
Noboa.
Vamos a organizar la movilización
popular. Pero que los oportunistas no se equivoquen: no vamos a permitir que
utilicen el descontento y la rebeldía de las masas para sus propósitos
electoreros. Al fin y al cabo, hay que tener presente que el imperialismo, la
reacción y el gobierno hoy desatan sus miserias sobre el pueblo precisamente
porque los oportunistas electoreros les allanaron el camino.
Organicemos el descontento y la
rabia popular; convirtámoslos en una fuerza rebelde que le ponga un alto al
régimen carcelario de Noboa y haga hasta lo imposible por meterles una patada
en el culo al imperialismo y al sionismo para expulsarlos del país.
Por lo expuesto, el FDLP-EC
convoca a las organizaciones populares, campesinas y sindicales a sumarse a la
gran jornada de lucha que se realizará el 7 de noviembre en contra del régimen,
el Estado, el imperialismo y los oportunistas. Que esta jornada de lucha sea el
preludio de la conmemoración de los 104 años del heroico 15 de noviembre de
1922; y, sobre esos bríos, luchar incansablemente hasta defenestrar al remedo
de fascista.
¡ALTO A LA
PERSECUCIÓN Y ENCARCELAMIENTOS DE QUIENES NOS OPONEMOS A LA VORACIDAD DEL
GOBIERNO CRIMINAL!
¡ORGANICEMOS LA POBREZA, LA MISERIA Y LA INDIGNACIÓN COMO UNA TORMENTA DE
REBELDÍA QUE REMEZCA EL ESTADO Y DERROTE AL GOBIERNO DE NOBOA!
¡A PREPARAR LA GRAN MOVILIZACIÓN CONTRA EL RÉGIMEN CRIMINAL, TERRORISTA Y
VENDEPATRIA!
¡VIVA EL FRENTE
ANTIIMPERIALISTA!
¡VIVA LA LIGA
ANTIIMPERIALISTA!
¡ORGANIZAR,
COMBATIR Y RESISTIR!


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