jueves, 14 de enero de 2016

SITUACIÓN ACTUAL: América Latina.- Dos artículos de la revista Nova Democracia de Brasil


SITUACIÓN ACTUAL: América Latina
A continuación reproducimos dos artículos de la revista Nova Democracia de Brasil de gran importancia para comprender, desde la posición y concepción maoista, el desarrollo de la situación revolucionaria en Brasil y en Venezuela y la tarea que corresponde a los revolucionarios en esta situación.
Editorial - Rechazar la politiquería y luchar por la Revolución Agraria

Traducción Enrique Chiappa

            

           El indecente escenario político en que se arrastran las altas esferas del viejo Estado brasileño expresa el nivel avanzado de descomposición de todo el sistema político y de poder de las clases dominantes de grandes burgueses y latifundistas serviles al imperialismo, principalmente yanqui. El escarnio sobre los sufrimientos del pueblo en que se transformó la calesita del cinismo y descaramiento del juego sucio del impeachment o no de DilmaRousseff y la derogación o no del mandato de Cunha, ha servido a los guardianes de la vieja orden de explotación y opresión, con destaque para el desempeño del monopolio mediático reinante en el país, para polarizar la atención del pueblo para desviarlo de los embates reales para dar solución a los grandes problemas de que padece la Nación hoy e históricamente. 


Los reales problemas, y principalmente sus soluciones, según los intereses del pueblo y de la Nación, se encuentran distantes de la inmundicia de esa politiquería que los dos campos que se enfrentan desesperadamente para decidir cuál detendrá la dirección de la gestión de turno, insisten en arrastrar la atención y el ánimo de la sociedad. Pues, ambos contendores están comprometidos hasta la médula con la política económica y la economía política del imperialismo. Así ha sido la historia de los sucesivos gobiernos en el país como meras gestiones de turno anti pueblo y anti nación.
El más elemental y significativo de estos problemas es el agrario-campesino. El secular sistema de relaciones de propiedad de la tierra y de alta concentración de esta en las manos de un puñado de familias y corporaciones en detrimento de millones de pobres es base del atraso económico-social semifeudal y semicolonial del País. El latifundio, desde prácticamente quinientos años, viene reproduciéndose en Brasil, anclado de entrada en el sistema colonial y, posteriormente, en el sistema semicolonial sobre el cual el imperialismo engendró el capitalismo burocrático.
 Todas las gestiones de turno de la semicolonia Brasil, principalmente después del establecimiento del simulacro de régimen republicano, tuvieron en el latifundio una base de apoyo para su sustentación al frente del empodrecido Estado brasileño.
Siendo imposible disociar latifundio de la oligarquía municipal y regional, el sistema político putrefacto correspondiente al sistema de poder en descomposición (el viejo Estado brasileño de grandes burgueses y latifundistas, servil del imperialismo) y reposa en lo que existe de más retrógrado y reaccionario en una relación mediada por la farsa electoral.
A cada elección, los oligarcas regionales y sus jefes locales venden los votos bajo su dominio para los políticos, tanto del ejecutivo como del parlamento, además de mantener asegurados sus intereses en la vasta burocracia judicial. Fortalecidos económicamente, invierten en más tierra, lo que implica en aumentar su poder político.
Las clases dominantes viven en este momento una crisis sin precedentes y más que nunca usan todo el poder del viejo Estado para oprimir el pueblo pobre del campo y de la ciudad. Y hacen esto bajo el recelo de que estas masas se levanten con furia replegada, tal como las revueltas populares de 2013 prenunciaron.
El “Poder Legislativo”, mientras va negociando  las querellas oriundas de las disputas dentro del Partido Único, paralelamente, lanza medidas proteccionistas del latifundio, principalmente de su versión productiva, el “agro negocio”, y de las mineras, en una desvergonzada agresión a los derechos de los pueblos indígenas, de los campesinos pobres sin tierra o con poca tierra y de los remanentes de quilombolas (antiguos esclavos).
El “Poder Judicial”, en todas sus instancias, pero principalmente en la primera y segunda, acoge las solicitudes, las más aberrantes, del latifundio y las expediciones de instrumentos como el “Interdito prohibitorum” para proteger la oligarquía de la cual es originario “su majestad el Juez”.
 Albergado en la “decisión judicial”, el “Poder Ejecutivo”, cuya burocracia en sus ejemplares de dirección es servil de las clases dominantes, patrocina las frecuentes realizaciones de acciones combinadas y dirigidas a partir de la gestión central, donde las fuerzas armadas, la guardia nacional, las policías federal, militar y civil son utilizadas para la realización de desalojos violentos en el campo y en la ciudad y de la represión a las justas protestas del pueblo.
Es así que funciona el Estado de grandes burgueses y latifundistas al servicio del imperialismo. Es así que, aun enfrentando crisis económicas, políticas, éticas y morales, las clases dominantes explotadoras y sus canes oportunistas y revisionistas, cómplices en el Partido Único, creen que podrán continuar dominando por toda la vida.
Acontece que las masas ya dieron pruebas de que no están dispuestas a continuar bajo la opresión y explotación de este quebrado sistema político y económico. La realización reciente del 8º Congreso de la Liga de los Campesinos Pobres (LCP) del Norte de Minas y Sur de Bahía, las tomas de tierra en aquella región, en Rondônia, en Paraná, Centro-Oeste, Pará y en el Nordeste, dan bien el tono con que el campesinado brasileño, secularmente atingido por la explotación y miseria (y por esto aun secularmente combativo), está dispuesto a enfrentar la crisis de las clases dominantes avanzando para la Revolución Agraria.
Está más que claro para todo el pueblo brasileño que las instituciones del viejo Estado son incapaces de resolver la crisis en beneficio del pueblo. Como acostumbra a acontecer, siendo la crisis el resultado de la medición de fuerza entre los grupos políticos de las fracciones de las clases dominantes, todos permanecerán dentro del Partido Único bajo la nueva hegemonía, por lo menos hasta la próxima crisis.
Lo que los revolucionarios tienen como tarea es intensificar la movilización, la politización y la organización de las masas en preparativo de la Revolución Democrática, para la cual los campesinos ya emprenden esfuerzos de su primera fase como Revolución Agraria.
2016, por lo tanto, será una excelente oportunidad para convocar las masas a abandonar, definitivamente, cualquier ilusión electoral, entendiendo que la elección municipal es una de las armas de fortalecimiento de lo que hay de más podrido de los subtentáculos de este sistema de explotación y opresión del pueblo y de la Nación, el latifundio anacrónico y odioso. No votar y luchar junto al movimiento campesino combativo por tomar todas las tierras del latifundio es la esencia del lema de “!Muerte al latifundio!” y “!Viva la Revolución Agraria!”.
Desde ya, rechazar y no dejarse usar como masas de maniobra para uno de los dos campos que actualmentepugnan desesperadamente por el dominio de la vieja y empodrecida política y centrar en las movilizaciones en defensa de los derechos del pueblo pisoteados, partir para la acción y luchar para imponer las necesidades populares es la tarea política más avanzada. Hacer preparativos para que las movilizaciones y luchas sean más contundentes y organizadas, para repeler los llamamientos de los oportunistas electoreros que infestan los movimientos populares y barrerlos de su medio, así como para repeler los ataques de las hordas represivas que el viejo Estado y sus gerentes de turno envía para masacrar el pueblo. Destruir su organización y aplastar su lucha es la cuestión clave.
El conflicto entre fracciones amenaza la máscara de la “revolución bolivariana”
Jaílson de Souza
Traducción Enrique Chiappa
           
En el fin del mes de noviembre, uno de los líderes de la “oposición” al gobierno de Nicolás Maduro, Luis Manuel Díaz (secretario general del partido “Acción Democrática”), fue asesinado mientras hacía campaña para la farsa electoral que ocurrió día 6 de este mes. Tal acontecimiento expresa el nivel de los conflictos entre los grupos dominantes y las fracciones de la granburguesía por el control del Estado.
 Ya el monopolio mediáticoreaccionario se ocupó inmediatamente de pasar la “carga pesada” para el lado del comunismo, acusando Venezuela de ser la prueba cabal del “fracaso del socialismo”. Ya con la derrota del “chavismo” en estas elecciones legislativas toda la derecha reaccionaria se reveló, no sólo en Venezuela, pero en todo continente. Ocurre que el tal “gobierno revolucionario” de Chávez, tal como su sucesor Maduro, no tiene nada de revolucionario y tampoco expresa un proceso de revolución democrática o, menos aún, “socialista”.
¿Qué pasa en Venezuela?
 Ocurre, desde el ascenso de Chávez, una reestructuración del viejo Estado venezolano y la profundización del capitalismo burocrático atado al imperialismo, principalmente yanqui. Chávez destronó la fracción compradora de la gran burguesía venezolana e invistió la fracción burocrática de esta misma gran burguesía que asumió la hegemonía en el viejo Estado. Ese hecho generó los pasados y los actuales encarnizados conflictos entre los grupos de poder para recuperar o mantener la hegemonía en el aparato estatal, respectivamente. 
Tales conflictos entre las fracciones son meramente cuantitativos, y no tienen contenido para transformarse en conflictos antagónicos o desembocar en una revolución, ni siquiera antiimperialista, mucho menos socialista.
 La fracción burocrática que actualmente concentra la hegemonía en el viejo Estado venezolano no se opone al imperialismo ni a las bases semifeudales vigentes en el país y, por lo tanto, no tiene capacidad alguna de dirigir una transformación democrática en Venezuela. Lo que esta fracción pretende es impedir el avance de los monopolios compradores locales e internacionales, que más y más van desmoronando los negocios de la burguesía burocrática.
 Eso, como ya dicho, no constituye una contradicción que puede venir a desembocar en la ruptura con el imperialismo y ni puede serlo, porque esta fracción burocrática liderada por el “chavismo bolivariano” — así como toda la gran burguesía, sin distinción entre fracciones — también está umbilicalmente conectada con el sistema latifundista semifeudal – y este, por su parte, es la base de la dominación imperialista.
 Es así que se desarrolla el problema en Venezuela
 La máscara del oportunismo es “hecha de papel”
El Presidente Mao Tsetung acostumbraba decir que el imperialismo y las clases lacayas eran “tigres de papel”, y que bastaba una tempestad para que fuesen destruidos. De tal modo como el imperialismo, la máscara “nacionalista” — o peor, “socialista” — del oportunismo de los gobiernos “populares” que surgieron en América Latina (bajo mando y guía del imperialismo yanqui) también es hecha de papel, y la más fina garúa de fin de tarde deja expuesta la verdadera faz de estos gobiernos: pro-imperialistas, pro -latifundios, antipueblo y vendepatria, donde el único esfuerzo es para eludir los pueblos.
 La propia práctica de Luiz Inácio lo hizo ser reconocido ampliamente, por todo el Brasil, como un gran servil de banqueros y del imperialismo y mero gerente de turno de la semicolonia Brasil. Cosa semejante pasó con sus “hermanos políticos” Evo, Chávez/Maduro, Rafael Correa e iguales. La práctica del oportunismo es la “garúa de fin de tarde” que mencionamos.
 Esos gobiernos “populares”, donde se encuadra el gobierno “bolivariano” de Chávez/Maduro, son embustes del imperialismo, principalmente yanqui (en el caso del “chavismo” es esfera de influencia del imperialismo ruso), para evitar el ascenso de movimientos democráticos y verdaderamente revolucionarios en América Latina. El mismo papel que Chávez desempeñó en Venezuela, poco después, desempeñó Luiz Inácio en Brasil, aglutinando en torno a sí una verdadera cuadrilla de oportunistas y algunos pocos incautos que engañaron las masas con las viejas propuestas de “desarrollo nacional” (subordinado al imperialismo) y “modernización de los derechos laborales”. ¿Coincidencia?
Ni la burguesía compradora, ni la burocrática.
 Así como el PT intenta imponer su disputa interburguesa con la “oposición” como contradicción principal en el país (sea PT X PSDB, o Dilma X Cunha), lo mismo ocurre en Venezuela. La principal contradicción en Venezuela no es entre las fracciones burocrática y compradora de la gran burguesía, representadas, respectivamente, por Maduro/PSUV y su oposición ( en la “Mesa de la Unidad Democrática”, MUD). 
Buena parte de las masas populares en Venezuela, cada vez más desilusionadas con la verdadera faz de la “revolución bolivariana”, ya no se aglutinan y ni depositan esperanzas en el oportunismo chavista y la prueba de esto es el cada vez menor número de votos del mismo en la farsa electoral. Por la falta de organización del proletariado destituido de su auténtico partido revolucionario, hace con que esas masas se encuentren perdidas,  a veces cayendo en el discurso igualmente demagogo de la “oposición”, o depositando un voto vacío de significancia en el “chavismo” durante la farsa electoral, motivadas por el estelionato y terrorismo electoral (muy semejante a las campañas petistas en Brasil, repletas de promesas y terror psicológico sobre el corte de los beneficios asistencialistas).
 La falta que hace el partido revolucionario del proletariado en Venezuela es la misma, tal vez mayor, que hace aquí en Brasil. El anhelo de las masas populares por las transformaciones democráticas (como distribución de tierras para los campesinos junto a la nacionalización completa de la economía) quedó claro con el ascenso de Chávez y su discurso pseudonanionalista a la gerencia del viejo Estado venezolano. Sin embargo, ya nos enseñaron los grandes líderes del proletariado: en la era del imperialismo, solamente el proletariado revolucionario puede dirigir las transformaciones democráticas y pasar de forma ininterrumpida al socialismo. También para llevar a cabo esta tarea en Venezuela se exige, incondicionalmente, la existencia del Partido Comunista de nuevo tipo, mínimamente establecido, para organizar la clase obrera, los campesinos y la pequeña y media burguesías, que creyeron ciegamente en el “proyecto” chavista en franco desmoronamiento.
 Ya en la disputa entre fracciones de la granburguesía, que una u otra domine, puede lanzar en órbita una disputa interimperialista (como los reincidentes flirteos de los representantes de la burguesía burocrática venezolana con  Rusia y China, mientras se mantienen fieles al abecedario de gobernar del USA/FMI). Ahí, las masas no tienen nada a ganar.

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