sábado, 10 de marzo de 2018

8 DE MARZO 2018 "MOVIMIENTO FEMENINO POPULAR ECUADOR"



Discurso de la cámara responsable del Frente de Defensa de los Trabajadores de Imbabura. Evento de las compañeras del Sindicato Nacional de la Salud.

VIVA LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER TERABAJADORA Y REBELDE

No quisiera iniciar sin emitir mi más profundo y respetuoso saludos a la ideología del proletariado, el marxismo-leninismo-maoísmo, al pensamiento Gonzalo; saludar la memoria de la camarada Nora, del Partido Comunista del Perú; de la camarada Sandra, del Movimiento Femenino Popular del Brasil, a nuestra recordada camarada Cecilia, quien con criterio de clase estuvo al frente de este sindicato; a todas las mártires que entregaron sus vidas por la causa de la mujer, que no es otra sino la causa de la liberación de los pueblos y la permanente lucha por la conquista del poder para la clase, para los oprimidos; a mis compañeras y camaradas del Movimiento Femenino Popular, organización de las mujeres proletarias, campesinas y populares al servicio de la transformación de nuestra sociedad y del mundo.

Queremos también saludar al sindicato de la Osuntramsa, a las compañeras y camaradas por la realización de este acto del cual aspiramos convertir en un verdadero homenaje a la mujer oprimida, explotada y que clama su emancipación.

A las mujeres obreras explotadas, a las campesinas pobres y a las sencillas mujeres de nuestro pueblo. A las mujeres oprimidas del mundo.

Estamos aquí compañeras, muchas de nosotras lo hacemos sujetas de criterios coherentes, consecuentes con el significado que tiene este día, sin embargo, otras, ajenas al verdadero sentir que debemos tener aquellas mujeres que comprendemos que la mitad del cielo descansa en nuestros hombros, y con eso, la responsabilidad compartida de ser partícipes en la transformación del mundo.

No basta compañeras con reunirnos y hablar de la liberación de las mujeres, mucho menos de caer en el feminismo burgués que nos coloca a la cola de aquellas oportunistas que lo único que buscan es tener la posibilidad de ocupar los mismos escenarios de los hombres, ya sea en a la actividad económica, política, social, sexual, y hasta conductual. No compañeras, eso no es liberarnos, porque en la mayoría de los casos terminaremos colocándonos del lado de ellos, pero también del lado de sus taras, de su comportamiento ruin, oportunistas, otros, revisionistas, traidores y traidoras con los intereses de los trabajadores y trabajadoras explotadas.

Ya Mariátegui decía: "Las mujeres como los hombres son reaccionarias, centristas o revolucionarias, no pueden por consiguiente combatir juntas la misma batalla, en el actual panorama humano, la clase diferencia más a los individuos que el sexo.

Así ha sido hasta aquí compañeras.

Nos hablan de Manuelita Sáenz, libertadora del libertador que se dio modos de morir junto a sus dos esclavas, Jonatas y Nathan y sin  embargo junto a Simón Bolívar no tuvieron los arrestos necesarios para dar la libertad a negros, negras indios e indias, hechos que solo se dieron 30 años después en el gobierno de Urbina, en 1852-1853.

Pero eso sí,  nada dicen que en esos mismos años de la independencia tuvimos insignes representantes del campesinado pobre y explotado, del pueblo oprimido y de las mujeres libertarias como Lorenza Abimañay, Jacienta Juárez y Lorenza Peña que encabezaron el levantamiento indígena de Columbe, Chimborazo, en 1803, en contra del régimen colonial y sentando las verdaderas bases campesinas para la lucha por la independencia que en fin de cuentas poco o nada representó para nuestro pueblo.

Estas luchadoras indómitas  posteriormente fueron capturadas y particularmente, Lorenza Abimañay degollada junto a Julián Quito, otro de los líderes del levantamiento campesino.

En 1871, con el levantamiento de Fernando Daquilema, en Yaruqíes, Chimborazo, contra el régimen clerical de García Moreno. Esta vez fue Manuela León, aguerrida combatiente del pueblo que ya luchó por nuestros intereses de mujer; a Tránsito Amaguaña, que junto al único lado donde las mujeres podemos compartir de mejor manera nuestras vidas, codo a codo, hombro a hombro, suspiro a suspiro con los hombres, aquellos comprometidos con la lucha y las justas causas de la clase y del pueblo.

Nada de eso recoge la historia oficial, pero eso sí, la prensa de estos días nos habla de la Dra.  Matilde Hidalgo  de Procel que en 1929, a decir de aquellos que escriben la historia a su manera, nos abrió el camino para que nosotras nos incorporemos al régimen electivo y podamos votar en las urnas.

Patrañas, mentiras, lo que ahí se registró fue el hecho de dar inicio a una nueva forma de domesticación de la mujer, está vez con ese cuento de la democracia representativa, electiva, farisea, que nos abría los brazos a la ingenuidad y al oportunismo.

No dicen, sin vergüenza alguna, que la mujer ecuatoriana se ha redimido porque hoy ocupan puestos como asambleístas o directoras de partidos políticos de la reacción, el oportunismo y el revisionismo, pero no nos dicen que su comportamiento político e ideológico no es diferente de aquellos que nos han gobernado por centenas de años y que sólo han dejado un reguero de miseria y violencia.

Y así ha sido a lo largo de la historia.

Pero también es importante que ustedes compañeras conozcan que hace ya algunos años, en la década de los 90 del siglo pasado, este sindicato estaba militado y dirigido también por mujeres de nueva estirpe como la camarada Cecilia Hidalgo, militante del Partido Comunista del Ecuador-Sol Rojo.

Cuenta que ustedes conozcan que nuestras compañeras no solo luchaban por la firma del contrato colectivo y la reivindicación de nuestros derechos de los cuales ustedes aún se benefician, sino que luchaban por las reivindicaciones del pueblo en general, es decir, el sindicato tenía una correcta línea de clase, ideológica, que muchas de esas mujeres que nos llevaron a vivir jornadas de lucha pocas veces vista y reconocidas  participando activa y combativamente en las huelgas nacionales, la toma de la catedral en la plaza de la independencia de Quito, de la  presidencia, lugares donde nuestras compañeras de la Fetsapí y de la Osuntramsa en general lucharon y resistieron los fuertes y violentos  embates de la reacción, o aquella acción que dio la vuelta al mundo cuando junto a los compañeros del Frente de Defensa de las Luchas del Pueblo, nos tomamos la embajada de México para denunciar las políticas anti obreras del régimen de turno.

Cuanta gloria compañeras, cuanta lucha, cuantos espacios donde verdaderamente estábamos ejercitando nuestro proceso de liberación, de emancipación como mujeres.

Entonces, eso es lo que debemos rescatar, ese espíritu de lucha que tiene nervio, pensamiento, filosofía y acción  que se muestra en la ideología. Es decir compañeras, sino tenemos la ideología correcta que guíe nuestras luchas, nuestros propósitos como mujeres, pero sobre eso, como clase, nada habremos hecho, en nada habremos avanzado sino ponernos a la cola de aquellos hombres que hoy se muestran serviles al viejo estado burgués-terrateniente.

Compañeras, hay que tener claro que este no es un día de fiesta, no es un día de rosas y de brindis, es un día conmemorativo, de lucha, donde la obligación de retomar la banderas de Lorenza Abimañay, de Manezuela León, Transito Amaguaña, de la camarada Nora, Sandra, Edith Lagos, de Cecilia, urge, más cuando asistimos a la decadencia del imperialismo, del capitalismo burocrático y su sistema de gobierno, la democracia burgués-terrateniente, que definitivamente está podrida, corrupta, y con ella quienes la sostienen, pero hay que entender que sola, por sí misma no se derrumbará sin que nosotras, nosotros, no pongamos esa necesaria cuota de lucha, de sacrificio.

Que esta oportunidad compañeras, se constituya en un acto de reflexión y compromiso sobre el verdadero papel que tenemos las mujeres,  no en los partidos políticos electoreros que nos utilizan como ganado electoral, no compañeras, mucho menos sumisas ante el régimen patriarcal y machista que siempre se da modos para ponernos a la cola porque esa es su naturaleza semifeudal. Nuestro rol está más allá, está junto al hombre y ellos junto a las mujeres que tienen criterio y conciencia de clase de su rol transformador.

Vamos a bregar por recuperar el movimiento sindical en el país, vamos establecer jornadas de formación y lucha, que, sobre los hechos, nos forjen como mujeres libertas, verdaderas hijas de la clase y del pueblo.

Vamos a bregar porque el sindicato también esté dirigido por mujeres, no necesariamente desde actividades suplementarias, sino ahí, al frente de todas y de todos, pero no por el sencillo y natural hecho de ser mujeres, sino de ser proletarias con conciencia de clase, cobijadas por la ideología correcta, y créanme compañeras, no es otra que el marxismo leninismo maoísmo.

No queremos rosas, queremos el fuste para castigar a los que oprimen al pueblo.

No queremos que nos vena como ganado en competencia, o como ganado electoral, si nos ven, que nos vean como somos, trabajadoras, madres, compañeras, hijas, combatientes; que nos vean como sus verdugos, como esa pesadilla roja que estremecerá sus vidas minutas a minuto hasta que sean barridos por siempre; nos guste o no, como sus sepultureras, sus sepultureros. Eso somos.

No queremos halagos ni que nos subestimen, queremos desatar la furia milenaria de la mujer que desde la perspectiva de clase que es centro para la construcción de la sociedad de Nueva Democracia, tránsito ininterrumpido al socialismo, antesala del dorado comunismo.

¡VIVA LA MUJER PROLETARIA!

¡SIN CORRECTA DIRECCIÓN IDEOLÓGICA EN LA LUCHA DE LAS MUJERES, NADA CONQUISTAREMOS!

¡LA EMANCIPACIÓN DE LA MUJER SOLO SERÁ POSIBLE EN EL CURSO DE LA TRANSFORMACIÓN REVOLUCIONARIA DE LA SOCIEDAD CON GUERRA POPULAR!

¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO!

¡VIVA LA GUERRA POPULAR EN LA INDIA, TURQUÍA, FILIPINAS Y EL PERÚ!

¡SI NO COMBATIMOS AL REVISIONISMO, NADA HABREMOS HECHO!

¡VIVA EL MOVIMIENTO FEMENINO POPULAR!






  
Discurso de la compañera representante del MFP en la  base norte del Comité Popular Campesino en el acto realizado en una comunidad campesina del norte del país.

LAS MUJERES Y LA ALIANZA OBRERO-CAMPESINA

En sociedades como la nuestra, semicolonial y semifeudal, el papel que cumplimos las mujeres proletarias y campesinas es fundamental en esa histórica tarea por liberarnos de todas las formas de dominación, explotación y opresión a la que estamos sometidas.

Es importante reconocer que las formas de explotación, opresión y violencia que se ejercita sobre la mujer campesina genera una serie de contradicciones que no han podido ser resueltas por el estado o los distintos gobiernos de turno.

Somos explotadas por el sencillo hecho de ser mujeres. Por considerar que tenemos menos fuerza que el hombre para realizar las tareas en el campo, de hecho, nos pagan jornales menores en un 30% al de nuestros compañeros, y, si son niñas, más bajos aún, el 50% a pesar de cumplir exactamente las mismas actividades con azadón, pico, pala y machete.

En el campo no tenemos derechos, salvo que los conquistemos. Nuestra jornada diaria inicia a las 4 de la mañana y a duras penas termina a las 9 de la noche. No tenemos voz y también somos explotadas por nuestros padres, esposos y compañeros, quienes por costumbre, nos otorgan tareas y jornadas de trabajo extenuantes en el cuidado del hogar, crianza de hijos, cuidado de animales menores, acarreo de leña y agua desde distancias lejanas, ayudar en las tareas agrícolas como apoyo en la búsqueda y tala de madera, en el campo o en la mina, sin asistencia médica, mala nutrición y por qué no decirlo, agredidas físicamente por nuestros esposos o padres quienes reproducen culturalmente esa subyugación brutal.

Pero también somos explotadas como campesinas, sometidas a un régimen feudal y semifeudal profundo, que aún subsiste en nuestra sociedad, sobre todo en el campo.

Trabajamos en condiciones muy duras y difíciles. Sin herramientas, mal alimentadas, permanentemente acosadas por los intermediarios o enganchadores. No se respetan nuestros horarios de trabajo y hacen que cumplamos otras actividades como empleadas domésticas de nuestros patrones, cuidado de sus hijos o cualquier otra actividad que no tiene nada que ver por lo que nos contratan y pagan, es decir, nos empujan a una servidumbre forzada, y en el caso de algunas compañeras, una servidumbre voluntariosa producto de la cultura, de la costumbre.

Acompañamos a nuestros esposos a trabajar la tierra a cambio de un pedazo de ella para poder vivir. ¿Acaso eso no es feudalidad? Vivimos en predios que no nos pertenecen, ahí levantamos nuestras casitas de madera, nosotras lavamos, planchamos y cocinamos para el patrón, los hombres trabajan en la tierra, no nos pagan, y si lo hacen es insignificante, nuestros verdaderos ingresos para consumo provine de lo poco que sacamos de la venta de aquello que producimos en un terrenito que nos presta el dueño de la tierra.

De igual manera, nuestros compañeros, nosotras, nuestros hijos se suman a las haciendas o tierras que nos invitan a trabajar bajo la modalidad de “al partir,” donde toda nuestra familia pone el trabajo duro; a veces, los gastos de semilla, fungicidas, los ponemos a medias con el dueño de la tierra, y, cuando sacamos la siembra, nos repartimos el producto a mitad, si es que así llegamos al acuerdo. El transporte generalmente lo pone el dueño de la tierra porque él tiene vehículo, entonces nos cobra y terminamos cogiendo muy poco del producido. Si eso no es explotación, ¿qué es?

De igual manera compañeras, cuando somos abandonadas o viudas trabajamos igual que los hombres, arrendando tierras o una vez más volviendo al régimen de “al partir”, con la diferencia que ahí involucramos a nuestras familias, hijos, padres, hermanos.

Si pertenecemos a una etnia o minería nacional, somos oprimidas y discriminadas como tal. Es decir, si somos negras nos discriminan, si somos indígenas o mestizas igual, y desde luego, nuestra carga se vuelve cada vez más pesada. Somos negras putas o indias sucias. Igual les servimos. Igual nos explotan. Igual nos necesitan.

Si somos niñas nos sometemos al riesgo de ser enviadas a trabajar en las casas de los patronos, de los dueños de la hacienda. Ahí nos dicen que somos como hijas, pero nos tienen durmiendo en espacios reducidos, no nos permiten utilizar los mismos platos que ellos, nos tienen asco, nos dan de comer las sobras, nos maltratan, no nos permiten estudiar porque dicen que nos vamos a embarazar en la escuela o el colegio, pero eso sí, somos violadas sexualmente por los hijos de los patrones o éstos, y, si nos quedamos embarazadas, nos hacen abortar y nos regresan al campo. Ya no somos explotadas en condiciones feudales, sino como esclavas del siglo XXI.

Compañeras. ¿Ustedes saben que en el campo los campesinos morimos por enfermedades raras que se supone ya no existen en nuestras sociedades?

Tuberculosis, tétanos, malaria, leishmaniosis, neumonía, desnutrición, cáncer por el uso de químicos en las grandes haciendas donde no nos otorgan protección adecuada; mujeres que mueren pariendo, hijos que nacen con enfermedades raras, ciegos, otros con labios leporinos, sin poder caminar, polio. Que nuestros niños se mueren de disentería por las difíciles condiciones de salubridad e higiene; neumonía, enfermedades respiratorias, pulmonía, etc.

Compañeras, eso es un poquito de lo mucho que vivimos a diario. Entonces quisiera hacerles una pregunta ¿debemos festejar algo en nuestra calidad de mujeres, de campesinas, de compañeras, de indígenas o negras? Desde luego que no.

Es importante que ustedes recreen todo esto para entender que poco o nada es lo que tenemos que festejar hoy, más sí mucho de aquello sobre lo que debemos tomar conciencia para comprometernos más en el cambio de nuestra sociedad, porque es poco menos que difícil que estas cosas cambien si es que no eliminamos es semifeudalidad que siempre viene acompañada del uso de la religión y de la cultura para mantenernos en esas condiciones, cambios que no pueden ser realizados por las autoridades, el estado, mucho menos sentadas bajo el sol esperando el milagro divino.

Si es que no somos nosotras junto a nuestros compañeros quienes cambiamos por la fuerza este sistema burgués, terrateniente, sometido por el imperialismo yanqui fundamentalmente, nadie nos otorgará derechos y libertades, mucho menos, una sociedad que sea digna para las proletarias, para nosotras, las campesinas, para nuestro pueblo.

No podemos seguir creyendo que los politiqueros, la asamblea, el presidente o las elecciones las que van a evitar que la explotación siga haciendo de nosotros sus víctimas.

Es obvio pensar, compañeras, que, ante lo señalado, que no hay cabida a las flores, los agasajos, de esas tontas ideas de igualdad y equidad que citan muchas compañeras sin darse cuenta que la explotación y la opresión responden a un modelo de sociedad en concreto y que sino la cambiamos todo lo demás queda como un discurso hueco e insultante.

Hoy, como ayer y como mañana, lo que queremos es fortalecer nuestras organizaciones campesinas, fortalecer nuestros mecanismos de lucha para tratar de que nuestros esposas y compañeros cambien, que no nos agredan, que nuestros patrones no nos exploten y que nuestro color de piel no sea lo importante, lo que verdaderamente cuenta es el lugar que tenemos en la producción, es decir, si tenemos o no la tierra en nuestras manos, el lugar ocupamos en la sociedad, si estamos o no del lado del pueblo o, a pesar de ser pobres, estamos del lado de los terratenientes y de los grandes burgueses. Pero igual, también cuenta si soportamos toda esa humillación, agresión, opresión y explotación con la cabeza baja, sumisos, reverentes, o si nos atrevemos a ser ese trueno de la montaña dispuesto a quemar todo lo viejo para volvernos luz de la mañana en una nueva sociedad. Eso importante y ustedes deben asumir posición, es importante que lo hagan ya, ahora, mientras vamos construyendo nuestra organización y las condiciones que favorezcan el cambio violento de la sociedad.

Compañeras, que este 8 de marzo tenga un nuevo significado para ustedes, que se vean en nosotras, que nosotras también nos vemos en ustedes, no débiles, sí fuertes, no sumisas, sí luchadoras, no conciliadoras, si rebeldes, no contentas con lo que vivimos, si dispuestas a luchar por una nueva sociedad una Nueva Democracia, donde abriremos la brega al socialismo y posteriormente al comunismo.

Para las compañeras que no son campesinas sino proletarias, ustedes, compañeras tienen en sus manos la gran responsabilidad de conducir el proceso de liberación y emancipación de la mujer campesina. ¿Por qué?, porque tienen una ideología más avanzada, la del proletariado, y eso es luz, es amanecer, es guía, nosotras estamos dispuestas a seguirla, a someternos a su proyecto guía que sabemos eliminará, al final del camino, toda forma de explotación y opresión, donde nuestros hijos sean los hijos de todos, de los muchos, de los comunes.

Como campesina, pero sobre todo, como militante del Movimiento Femenino Popular, solo me queda saludar este día, no el de la mujer cualquiera, porque a aquellas mujeres que nos engañan, explotan en la hacienda, en las grandes empresas, en los partidos políticos, en la asamblea, en el gobierno, para ellas, nuestro más profundo odio y desprecio, pero  para ustedes, las obreras, las campesinas, las que luchan junto a sus maridos por llevar el pan a la casa, para aquellas que luchan solas por no caer en la miseria, para la mujer consciente, combativa, luchadora y revolucionaria, el más grande de los reconocimientos.

Antes de terminar compañeras, nuestro más profundo cariño y reconocimiento para las heroínas del pueblo, para las mujeres trabajadoras que se levantaron en armas por conquistar sus derechos, nuestros derechos, pero sobre todo por haber entregado sus vidas por la conquista del poder para el proletariado, el campesinado y demás pueblo explotado. En esa medida me permito recordar a Lorenza AbImañay y su lucha campesina en el país, a la camarada Nora, del Partido Comunista del Perú, una verdadera hija de la guerra popular y la conquista del poder; a la camarada Sandra, del Movimiento Femenino Popular de Brasil, indómita mujer, indómitas mujeres que viven en nuestras luchas, en nuestros triunfos y que desde ya tienen un lugar en nuestra memoria histórica por la conquista del poder, único escenario en el que nuestra emancipación será una realidad.

¡VIVA LA MUJER TRABAJADORA, EXPLOTADA Y OPRIMIDA!

¡VIVA LA MUJER REBERLDE, REVOLUCIONARIA Y COMUNISTA!

¡VIVA LA DIRECCIÓN PROLETARIA DE LA LUCHA CAMPESINA!

¡VIVA LA ALIANZA OBRERO-CAMPESINA!

¡VIVA EL MOVIMIENTO FEMENINO POPULAR!

¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO!

¡HONOR Y GLORIA A LA COMPAÑERA LORENZA ABIMAÑAY!

¡HONOR Y GLORIA A LA CAMARADA NORA!

¡HONOR Y GLORIA A LA CAMARADA SANDRA!







IMPORTANTE DECLARACIÓN.

¡Proletarios de todos los países, uníos!


DECLARACIÓN CONJUNTA
¡Vivan los 200 años del nacimiento del gran Carlos Marx!

Este año el proletariado y todos los explotados y oprimidos del mundo celebran los 200 años del nacimiento del gran Karl Heinrich Marx. Con desbordante júbilo los comunistas en todo el mundo celebramos al fundador de nuestra ideología. Con Marx y el marxismo, se abre el grandioso capítulo en la historia de la humanidad en donde los hombres, dotados con la ideología del proletariado, pueden comprender científicamente las leyes de la sociedad y el pensamiento, comenzando así la lucha consciente por acabar la sociedad de clases y avanzar hacia el glorioso comunismo.

Marx y su entrañable camarada Friedrich Engels alzaron por primera vez la voz de mando: ¡Proletarios de todos los países, uníos! Consigna bajo la cual se han lanzado a la lucha revolucionaria millones de obreros en todo el mundo, han logrado poner las banderas del comunismo en cumbres cada vez más altas: desde el triunfo de la gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia que ha inaugurado una Nueva Era para la humanidad, pasando por la gran Revolución China en 1949 y docenas de victoriosas luchas de liberación nacional de las naciones y pueblos oprimidos, a la epopeya de la Gran Revolución Cultural Proletaria en China, hasta las guerras populares de la actualidad que persisten incontenibles en Perú, India, Filipinas y Turquía. Y con ello el marxismo se ha desarrollado a través de su aplicación y en medio de las más encarnizadas luchas, deviniendo en marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo, que es la nueva, tercera y superior etapa del marxismo. Con destacada y dura brega contra viento y marea en Perú ondea invencible la bandera del maoísmo y el pensamiento Gonzalo, erguida por el PCP y el Presidente Gonzalo, jefe de la Revolución Mundial y continuador de Marx, Lenin y el Presidente Mao. 
   
Reaccionarios y revisionistas se empeñan, al no poder esconder su todopoderosa e inmortal doctrina, en mostrar a Marx fragmentado y falseado como el “intelectual de biblioteca”, como el Marx “humanista”, el “envenenado vengador”, “el dogmático”. Los revisionistas, viejos y nuevos, que se esfuerzan en la tarea de vaciar el marxismo de su esencia revolucionaria se estrellan con su inconfundible definición respecto a la lucha de clases y la dictadura del proletariado: en lo que a mí respecta, no ostento el título de descubridor de la existencia de las clases en la sociedad moderna, y tampoco siquiera de la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían descrito el desarrollo histórico de esta lucha de clases. Lo que yo hice de nuevo fue demostrar: 1) Que la existencia de clases está vinculada únicamente a fases particulares, históricas, del desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura solo constituye la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases.[1]

Otros lo intentan mostrar como “anti-dogmático” en su intento de contraponerlo a quienes tildan de dogmáticos pero que en verdad han sido sus continuadores, quienes han aplicado consecuente y creadoramente el marxismo a la práctica revolucionaria dirigiendo al proletariado a conquistar el poder y construir el socialismo: Lenin y el Presidente Mao.

Pero Marx solo hay uno: el genio fundador de la ideología del proletariado, el gran dirigente del proletariado que sentó las bases teóricas, ideológicas y políticas de la lucha de clases, y lo guió en sus primeras batallas contra la burguesía y la reacción europeas, el reivindicador de la necesidad de la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado, el feroz combatiente contra las falsas teorías que desvían al proletariado,  el revolucionario ferviente que dedicó la vida entera a la causa del proletariado y que no tenía más aspiración que su emancipación. Nos corresponde a los Partidos y Organizaciones marxistas-leninistas-maoístas limpiar el barro que los revisionistas han echado sobre la figura del gran Marx y devolverles a las masas proletarias la verdadera imagen del primer gran jefe de la clase.

Algunos revisionistas dibujan a un Marx encerrado en la biblioteca de Londres. Tratan con ello de esconder -tras la enorme labor científica realizada por Marx- su propia traición al proletariado y justificar su capitulación e ineptitud para dirigir al proletariado y a las masas hacia la toma del poder. Avakian, revisionista de escritorio, delira al comparar su labor de zapa con los años que Marx pasó en Londres dedicado a la labor científica para escribir El Capital, obra en la que desnuda la raíz de la ganancia capitalista, la plusvalía, esencia de la economía capitalista contemporánea, y demuestra científicamente la inevitabilidad de que el proletariado barra las caducas relaciones de producción capitalistas. Como el mismo Marx planteara “mi principal misión consiste hoy en dejar a la clase obrera una base teórica suficientemente firme y ancha para que le sirva de punto de apoyo en su organización futura y de arsenal de donde saque las armas necesarias para luchar con la burguesía[2]. “Para asegurar el éxito de la revolución es necesaria la unidad del pensamiento y de la acción. Los miembros de la Internacional tratan de crear esta unidad por medio de la propaganda, la discusión y la organización…[3].  Marx se consagró a la labor científica no por erudición o fama, sino por el contrario -bajo los más encarnizados ataques de sus opositores y soportando ingentes sacrificios en la pobreza y enfermedad- lo hizo con el único fin de poner los fundamentos teóricos de la ideología del proletariado, cuestión que entendía que era de vital necesidad para la causa obrera pues sentaba las bases ideológicas para su lucha política y su organización.

Nada más ajeno a la realidad y al marxismo, pensar que Marx pasó su vida alejado de las masas y de las luchas revolucionarias. Marx fue siempre un decidido revolucionario: en su militancia en el periódico de los hegelianos de izquierda, en la dirección de la Liga de los Comunistas, en su participación en la revolución de 1848 en Alemania, en la minuciosa correspondencia que durante toda su vida mantuvo con los más variados dirigentes del proletariado, en la constante publicación de artículos y en ocasiones la dirección de revistas para la agitación, y finalmente, en la grandiosa conducción que tuvo de la Asociación Internacional de los Trabajadores, la Primera Internacional, que puso las bases ideológicas del proletariado sobre las que se edificarían los primeros partidos comunistas en varios países. Ante la tumba de Marx, Engels dijo: “Marx era, ante todo y sobre todo, un revolucionario. La verdadera misión de su vida era cooperar de un modo o de otro al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones del Estado creadas por ella, cooperar para la emancipación del proletariado moderno, a quien él por vez primera infundió la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones que informaban su liberación”.[4]

Otros intentan engañar a las masas con un Marx humanista e incluso pacifista. El fundador de la ideología del proletariado planteaba que “el antagonismo entre el proletariado y la burguesía es una lucha de clase a clase, lucha que llevada a su más alta expresión, es una revolución total. Por lo demás ¿hay que extrañarse de que una sociedad fundada en la oposición de las clases se resuelva en la contradicción brutal, en un choque de cuerpo como último desenlace?”[5]. Después de la experiencia del proletariado en las revoluciones de Alemania de 1848 y muy especialmente con la gloriosa Comuna de París en 1871, Marx elevaría su comprensión y sintetizaría aún más la necesidad de destruir la vieja maquinaria del Estado burgués por medio de la violencia revolucionaria e instaurar la dictadura del proletariado.

Marx en su Crítica al Programa de Gotha en el problema de la correlación entre el Estado y la sociedad [socialista, que Marx llama "primera" fase, o fase inferior de la sociedad comunista], dejó establecido para siempre : ‘... Entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista —prosigue Marx— media el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde  también  un  período  político  de  transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado...’” [6]

Hoy osan levantar a Marx en contra de la validez universal de la guerra popular. Plantean que en algunos países no hay condiciones para iniciar la guerra popular -o revisan el concepto de guerra popular para dejarlo como huelga política de masas o insurrección- y que preparar el inicio sería voluntarioso, aventurero o aislado del movimiento de masas. Marx criticó duramente aquellos revolucionarios desesperados que se lanzaban a combates sin las masas creyendo que “el motor de la revolución no es la realidad, sino la voluntad”[7]. Pero precisamente la realidad no es estática. El desarrollo histórico y político ha conducido a situación revolucionaria en desarrollo desigual y a la ofensiva estratégica de la revolución proletaria mundial, situación que exige la reconstitución/constitución de partidos comunistas militarizados para iniciar lo más pronto guerras populares. Quienes predican hoy la huelga política de masas y la insurrección como estrategia de la revolución -así unos lo denominen estrategia de la guerra popular para los países imperialistas- son quienes niegan en verdad las exigencias de la realidad y defienden el consabido camino oportunista de la acumulación pacifica de fuerzas, antesala del cretinismo parlamentario.

Fue precisamente Marx quien rescató el principio enérgico de la actividad humana, el “lado activo” del idealismo y lo llevó al materialismo, refutando a todos los materialistas contemplativos e instando a una activa práctica revolucionaria para transformar la realidad, cosa que hoy solo se concreta armando a las masas parte por parte, incorporándolas en medio de la guerra popular para la toma del poder. Marx también planteó: “Allí donde nosotros decimos a la clase obrera: tenéis que pasar por quince, veinte, cincuenta años de guerras civiles y luchas de pueblos, no solo para cambiar la realidad, sino para cambiaros a vosotros mismos, capacitándolos para el Poder, vosotros les decís: ¡O subimos inmediatamente al Poder o nos echamos a dormir”[8]. Voluntariosos y alejados de las masas son quienes inician o desarrollan lucha armada sin contar con partido comunista militarizado, guiado firmemente por el marxismo-leninismo-maoísmo aplicado al propio país. Por este camino llegan tarde o temprano a la predica de “echarse a dormir,” a acuerdos de “paz” y a la capitulación ante la reacción, negando así la crisis general del imperialismo y la tendencia histórica y política principal a la revolución.

Marx fue el jefe del proletariado que logró la unidad del movimiento obrero en varios países durante los años de la I Internacional, unidad basada en la férrea defensa de los principios del proletariado y en oposición a la conciliación. Acusado por los bakuninistas de autoritario y por muchos otros de escisionista, Marx supo que ya la I Internacional había cumplido su misión histórica y que era mejor que acabara antes de que muriera asesinada por la unidad sin principios. Hoy la dispersión en el Movimiento Comunista Internacional solo podrá ser superada gestando una unidad sobre la base de los principios del marxismo, es decir sobre una comprensión unificada del maoísmo, que lejos de llevar al dogmatismo proporciona la base ideológica para la aplicación creadora en cada país, forjando pensamientos guía para reconstituir/constituir partidos comunistas que inicien y dirijan guerras populares.

Marx siempre confió inquebrantablemente en el proletariado y nunca, durante los fracasos de sus primeras luchas, dudó de su misión histórica -científicamente comprobada- de ser sepulturero del capitalismo. Lejos de caer en desesperación o en abatimiento, se esmeró por sacar lecciones de sus derrotas temporales para nutrir el marxismo y sentó también las bases de la lucha contra el revisionismo. “Todos los apartados importantes de los anales de la revolución de 1848 a 1849 llevan el epígrafe de ¡Derrota de la revolución! Pero lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, las supervivencias resultantes de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de Febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de Febrero, sino solo una serie de derrotas.[9]

Aplicando este análisis de Marx a toda la era de la revolución proletaria mundial, vemos que nos encontramos ante un proletariado tremendamente fortalecido, que en la lucha entre revolución y contrarrevolución ha salido victorioso y fortalecido con el marxismo-leninismo-maoísmo, en dura y cruenta lucha contra el imperialismo y la reacción, lucha inseparable de la lucha contra todo el oportunismo y revisionismo.

En 1879, el que años más tarde se consagrara como el primer revisionista de la historia, E. Bernstein, trató de revivir en su “Examen retrospectivo del movimiento socialista” aquellas ideas prerrevolucionarias que Marx condenó y declaró derrotadas en la revolución del 1848. Marx y Engels se lanzaron a la batalla y rompieron filas declarando que: En cuanto a nosotros, y teniendo en cuenta todo nuestro pasado, no nos queda más que un camino. Durante cerca de 40 años hemos venido destacando la lucha de clases como fuerza directamente propulsora de la historia, y particularmente la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado como la gran palanca de la revolución social moderna. Esta es la razón de que no podamos marchar con unos hombres que pretenden extirpar del movimiento esta lucha de clases[10]. Hoy, la tarea pendiente del balance de las últimas décadas del Movimiento Comunista Internacional, solo puede llevarse a cabo deslindando claramente los campos, repudiando el nuevo revisionismo que ha salido derrotado, y unificándonos en torno a una comprensión más alta del maoísmo.

El llamado del Manifesto del Partido Comunista y del manifiesto de la I Internacional para el proletariado era claro: tomarse el poder y subordinar a este objetivo los intereses inmediatos del proletariado, y según el momento, sin perder el objetivo final, trazar la táctica adecuada. Por ello Marx siempre orientó con gran destreza la táctica del proletariado para cada momento y la relación que debía tener con las otras clases de la sociedad: en tiempos de prosperidad del capitalismo (que aún no había devenido en monopolista, parasitario y agonizante) trazó la lucha de los obreros por salario como verdaderas guerras civiles que prepararan a la clase para la “batalla futura” y por el “objetivo final”.  Defendió el uso de la legalidad en los periodos de “estancamiento político y dominio de la legalidad burguesa[11] pero condenó severamente al Partido Socialdemócrata Alemán el no haber pasado a la ilegalidad con firmeza después de promulgada la ley de excepción contra los socialistas en Alemania. En cuanto a la relación del proletariado con la burguesía y el campesinado donde no se hubiese consumado aun la revolución democrática, Marx sentó valiosísimos análisis que sirvieron de guía para lo que Lenin y el Presidente Mao Tsetung desarrollarían; la burguesía sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo[12]. Y frente al campesinado, Lenin recogería “mientras en Alemania no se llevó a término la revolución democrática (burguesa), Marx concentró toda su atención, en lo referente a la táctica del proletariado socialista, en impulsar la energía democrática de los campesinos[13], poniendo en la superficie lo dicho por él y lo que los revisionistas de entonces cuidaran de sepultar: Todo el problema, en Alemania, dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una especie de segunda edición de las guerras campesinas[14].

Se cumplen también este año los 170 años de la publicación de El Manifiesto del Partido Comunista, programa del proletariado trazado por Marx y Engels, cuyos principios hoy tienen validez y vigencia y corresponde aplicarlos. Recalcamos una vez más el llamado del Manifiesto: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar”.

Celebramos entonces con júbilo el nacimiento del gigante del proletariado, que bebió de lo más alto de la humanidad, de la filosofía clásica alemana, de la economía política inglesa y del socialismo francés, y en lucha con ellas, sintetizándolas y elevándolas magistralmente, dando a luz la integral ideología científica del proletariado, que en más de un siglo y medio de duras luchas de clases y luchas de dos líneas ha devenido en marxismo-leninismo-maoísmo y los aportes de validez universal del pensamiento gonzalo.

A los comunistas nos corresponde enarbolar, defender y aplicar, principalmente aplicar el maoísmo para llevar a cabo revoluciones de nueva democracia y sin interrupción pasar a la socialista en los países dominados por el imperialismo – la inmensa mayoría de países y donde están la gran mayoría de las masas –, revolución socialista en los países capitalistas desarrollados y sucesivas revoluciones culturales para prevenirse de la restauración, desarrollar el socialismo y asegurar el pasaje al comunismo. Y esto solo puede hacerse combatiendo al imperialismo y a la reacción implacable e indesligablemente del combate al revisionismo viejo y el nuevo, y su nueva expresión que se sistematizó y estructuró en las líneas oportunistas de derecha en el Perú, hoy con su propia organización partidaria revisionista, que pretende usurpar el nombre del PCP y con sus organismos electoreros de frente como el Movadef y Fentep, así como combatiendo también a sus otras expresiones, como son las de Avakian y Prachanda, etc.

Celebremos el bicentenario del nacimiento de nuestro fundador, el gran Carlos Marx y el  170 Aniversario del Manifiesto del Partido Comunista sirviendo más y mejor a imponer el maoísmo como mando y guía de la nueva gran ola de la revolución proletaria mundial, base necesaria para que el proletariado pueda reconstituir la Internacional Comunista que plasme con guerras populares la epopeya comenzada por Carlos Marx rumbo a nuestra meta final el por siempre dorado Comunismo:

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Vivan los 200 años del nacimiento del gran Carlos Marx, primer gran Jefe del proletariado!

¡Viva su genial e inmarcesible obra!

¡Vivan los 170 años del Manifiesto del Partido Comunista!

¡Enarbolar, defender y aplicar el internacionalismo proletario!

¡Defender la vida y la salud del Presidente Gonzalo con guerra popular!

!Abajo la Guerra Imperialista! Viva la Guerra Popular!

¡Guerra Popular hasta el comunismo!


Partido Comunista del Brasil (Fracción Roja)
Movimiento Popular Perú (Comité de Reorganización)
Partido Comunista de Ecuador - Sol Rojo
Fracción Roja del Partido Comunista de Chile
Organización Maoísta para la Reconstitución del Partido Comunista de Colombia
Núcleo Revolucionario para la Reconstitución del Partido Comunista de México
Comité Bandera Roja – Alemania


febrero de 2018




[1]             Carta de Marx a Weydmeyer. 5 de marzo de 1852.
[2]             Citado por José Mesa en el prologo a la traducción de Miseria de la Filosofía. 1981.
[3]             Citados en Sobre la construcción de Partido. Presidente Gonzalo. 1976.
[4]             F. Engels. Discurso ante la tumba de Marx.1883
[5]             K. Marx. Miseria de la filosofía. 1847
[6]             Citado por Lenin en El Estado y la Revolución
[7]             Intervención de K. Marx en sección del Comité Central de la Liga de los Comunistas 1850, citada por Franz Mehring en Karl Marx, el fundador del socialismo científico
[8]             Ibíd.
[9]             Karl Marx. Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. 1850
[10]           K. Marx y F. Engels. De la carta circular A A. Bebel, W. Liebknecht, W. Bracke y otros. 1879.
[11]           Citado por Lenin en Carlos Marx. 1914
[12]           Ibíd.
[13]           Ibíd.
[14]           Carta de K. Marx a F. Engels. 16 de abril 1856.